Mildred Hernández

Cambiaron de oficina al Capitán

Lo que pasa dentro de la cárcel pasa también fuera. De vez en cuando, eso sí, la cloaca se destapa y su nauseabundo olor nos llega y nos hace percatarnos de una realidad que, de tan putrefacta, preferimos ignorarla.

Lo peor de todo es que no es ni la primera vez ni será la última. Unos protagonistas caen y pronto otros, como ávidas aves de rapiña, están prestos a reemplazar a los caídos y elevarse a sí mismos en esa espiral de podredumbre.

En esta ocasión le tocó de nuevo salir a la palestra al capitán Byron Lima Oliva quien,  según las autoridades en turno y la Cicig, ha construido una enorme fortuna a partir de sus negocios ilícitos dentro del sistema penitenciario. No es nueva esta situación, por supuesto, pues hace ya varios años que se escuchan rumores sobre sus negocios, su supuesto cambio de ciudadanía, o bien sus salidas de la prisión con el visto bueno de las autoridades de turno.

En fin, que esta cloaca se ha destapado otra vez y servirá, no sé, como leve cortina de humo para mantener ocupada a la ciudadanía mientras en algún trasfondo, los de siempre urden nuevas tramas e intrigas que perjudicarán como siempre a la mayoría de guatemaltecos, claro. Pero mientras las otras no se destapen, hablemos un poco de ésta.

Reconozco que cuando pienso en Lima Oliva vienen a mi mente dos imágenes suyas: la que me surgió luego de la lectura de la novela de Francisco Goldman en torno al asesinato de Monseñor Gerardi, y la de su fotografía tamaño cédula, con evidente traje anaranjado de presidiario, en los artículos que publicaba durante sus primeros años de condena en una columna de opinión en un periódico de Mixco, creo. Unas entrevistas por aquí y otras por allá, lo retratan como un hábil militar de carrera que aprovecha el tiempo y los recursos con que cuenta en donde esté, tanto para su propio beneficio como para el de quienes lo protegen. Y, por lo visto, lo ha hecho bien, al menos hasta ahora en que, para su mala suerte (o quién sabe si con su propia venia y/o como producto de una solicitud personal), está en el centro de la mira de este escándalo, que pone en evidencia reiteradamente las estructuras carcelarias de la corrupción.

Mientras este hecho se aclara, al Capitán se le han congelado tal vez solo momentáneamente los negocios y se le ha cambiado de oficina, pues lo trasladaron de Pavoncito al Mariscal Zavala. Parece que ha empezado a dar declaraciones en las que compromete a varios funcionarios, y éstos ni prestos ni perezosos ya están negando sus vínculos con el prisionero, no es para menos. Nosotros, por nuestra parte, seguiremos el curso de la historia que, si no fuera cierta, sería sin duda un excelente melodrama, de ésos que no tiene nada que envidiar a los que tan atentos ven por cable los guatemaltecos por estos días. 


Recomendados