María Isabel Carrascosa Coll

Patentes e innovación

El sistema de propiedad intelectual parece estar en crisis. En Estados Unidos, las cortes han tenido que ir re definiendo y estableciendo qué y cómo se protegen los derechos de autor y las patentes.

Por el otro lado, la OMPI ha impulsado nuevas campañas y está adaptándose a la era del conocimiento y la tecnología. La innovación afecta a las grandes industrias, y éstas están defendiendo sus intereses a como dé lugar.

Innovar implica crear sobre algo que ya existe. El conocimiento es un proceso de escalera, nadie puede llegar arriba sin haber pasado por los peldaños previos. Esto muchas veces se nos olvida. A menudo nos imaginamos que los inventores son personas especiales que trabajan en lugares especiales, y no siempre es así.

Las innovaciones más radicales no siempre salen de las grandes empresas, pues difícilmente un junta directiva aceptará una propuesta radical. Las empresas tienden a trabajar sobre productos o ideas previas. A los procesos, productos o servicios previos se les hacen mejoras o derivaciones, el mercado es conocido y las ganancias son proyectables. Es por eso que muchos inventores no tienen espacio en este esquema.

En el siglo XXI, estos inventores marginales tienen más posibilidades de convertirse en emprendedores y de innovar. Ya que tienen las herramientas tecnológicas disponibles, a precios accesibles y, sobretodo, tienen la posibilidad de crear comunidades y desarrollar sus ideas de forma cooperativa.

El software, la música y hasta la moda están empezando a utilizar modelos más abiertos de negocio que permiten que las posibilidades de innovación sean infinitas. Esta discusión importa porque el Estado y las grandes empresas dejan de ser el centro y se le empieza a dar más importancia al inventor/consumidor. Ese inventor que no necesariamente está en un laboratorio. De este tipo de inventor hay mucho en nuestro país.  Y es por eso que es importante cuestionar las políticas públicas que tiene el Estado para incentivarlos.

Quizá, las patentes no sean la herramienta más adecuada para estos inventores y sea necesario pensar en otros esquemas y promoverlos. Las patentes parten del principio de que el inventor sabe qué es y para qué sirve su invento. Sin embargo, esto casi nunca es así. La tecnología y la internet pueden ser herramientas que nos ayuden a solucionar problemas de forma más efectiva y eficiente, pero también pueden ser un instrumento para producir más inversión y empleo si viene acompañado con políticas públicas coherentes.


Recomendados