Ricardo Berganza

Intelectuales con fecha de caducidad

Sesenta y cinco años. A esa edad pueden experimentarse achaques, pero una persona que ha dedicado su vida a la academia puede estar en su mejor momento intelectual.

Sin embargo, esa edad límite ha significado el retiro obligatorio para muchas personas que trabajaban en la Universidad de San Carlos. Personas, que en algunos casos laboraban porque la necesidad se los imponía, pero en muchos casos, se trata de personas que aman a la academia, y pudieron haber aportado mucho, pero no se pudo. Les jubilaron.

Cuando uno pregunta en cualquier Facultad o Escuela, surgen nombres de docentes brillantes que ya no pueden estar. Que caducaron para la USAC.

Tal vez algunas personas estaban ocupando puestos que excluían a gente joven y capaz. Y administrativamente es razonable establecer límites. Pero más allá de las cuestiones administrativas y financieras (que no son poca cosa), se está jubilando forzosamente una generación que se caracterizó por ser contestataria y solidaria con las mayorías. Una generación que pudo estudiar en un país de exclusión, y que con las excepciones y matices del caso, se identificaba con esas causas que siguen vigentes como los problemas que nos mantienen hoy en el subdesarrollo.

Tal vez sea ineludible hablar de una edad límite, pero también es muy importante el diálogo con esas personas, y buscar formas de dar continuidad a su espíritu de servicio.

Acaso algunas personas pueden ejercer la docencia, la investigación, o apoyar procesos como la Reforma Universitaria. Pero, ¿existe el espacio para que puedan hacerlo incluso ad-honorem?

Me parece perverso poner fecha de vencimiento a personas como Carlos Guzmán Böckler, Celso Lara,[1] Edelberto Torres y muchas otras que tal vez trabajarán a otro ritmo, pero siguen siendo referentes de una generación y lo más importante: Son “verdaderos motores de pensamiento”. No son simples “tanques” como se acostumbra decir hoy. Son académicos que continúan utilizando su sentido crítico y por eso a muchos nos resultan indispensables.

Me pregunto si hay otras vías para abrir espacios especiales, para personas que pueden seguir haciendo aportes en diferentes disciplinas. Tal vez en la investigación, el diálogo académico, la asesoría, y por qué no decirlo, el crecimiento personal de esas personas, puesto que dejamos de aprender cuando morimos. No es caridad lo que se necesita. Creo que se los debemos.

El autor es Administrador egresado de la USAC, con Maestría en Investigación de Política y Sociedad de la Escuela de Ciencia Política de la USAC.  Ha trabajado en la gestión de riesgos y ejercido la docencia con varias instituciones los últimos 25 años y se especializa en la planeación, el desarrollo de capacidades y el diseño y desarrollo de procesos de capacitación.



[1] Tómese en cuenta que les menciono por tratarse de personalidades en el mundo académico que superan la edad de 65 años. Entiendo que solamente Celso Lara ha sido víctima reciente de la nueva disposición de retiro.


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