Mildred Hernández

Entre sueños y pesadillas

Es terrible lo que sucede en el mundo. Con el pretexto del secuestro y asesinato de unos jóvenes, Israel ataca Gaza y vemos desparramados cuerpos mutilados de niños, mujeres, ancianos.

. Según informa el viernes el gobierno israelí, desde este sitio les lanzan un cohete y por ello se están preparando para responder ya no sólo por aire sino además por tierra. Una guerra de décadas con nuevas batallas donde las víctimas, como siempre, son los inocentes.

Es terrible lo que sucede en el mundo. Un niño guatemalteco muere en Texas mientras intenta llegar a Chicago en busca del “sueño americano”. Su cuerpo descompuesto y la tragedia que implica, pone en la mira una problemática de décadas. En la coyuntura, el gobierno aprovecha para lanzar una polémica campaña con la intención aparente de frenar la migración de niños y jóvenes. “Quédate”, es el lema. “¿Para qué?”, pareciera ser la respuesta.

Es terrible lo que sucede en el mundo y en Guatemala. Es necesario que la realidad sacuda a miles de kilómetros de distancia para que afecte, para que conmueva, para que nuestra casi permanente indiferencia levante algunos vuelos. ¿Dónde está el comunicado que debemos firmar para pedir al gobierno norteamericano que las condiciones de nuestros niños, niñas y jóvenes migrantes en su país mejoren y sean tratados con dignidad cuando son descubiertos por la Policía? ¿Dónde está el comunicado que debemos firmar para exigir a nuestro propio gobierno que las condiciones de vida de los niños y jóvenes mejoren y no tengan necesidad de migrar y exponer sus vidas?  Tal vez como estos niños no son rubios y sus familias no tienen dinero, a la mayoría, en el fondo real y verdadero de su conciencia chapina, interesen. Ni ellos ni lo que les pase, ni aquí ni en el extranjero. Por eso no hay comunicados que circulen por las redes sociales ni en ninguna otra parte, ingenua que soy.

Mientras tanto, a la mayoría de chapines lo único que les interesa este fin de semana es saber si este domingo 13 un hombre o un equipo lograrán su sueño: es decir, si el partido de la final del mundial de futbol lo ganará Argentina con Messi, o Alemania con su selección. Sabemos, como bien lo han dicho algunos estudiosos, que este deporte sirve para relajar conflictos, para evadir situaciones. Por ello, durante un mes cada cuatro años, la fe y los nacionalismos, de pie o de rodillas, son posibles.  Y frente al televisor, reunidos con amigos y familiares, gritando por unos y llorando por otros, nosotros, el público, también nos distendemos en una catarsis total. La vida, después de todo, no puede ser tan mala si un país a través de un partido de futbol reivindica su sueño colectivo de grandeza.

A partir del lunes empezaremos a despertar a la pesadilla de siempre: el incremento en el precio de la carne y de todos los alimentos, el aumento de los impuestos, los problemas de la violencia, de la corrupción, de los crímenes, de la falta de oportunidades, de las consecuencias de los sismos, de los grandes etcéteras de nuestra sociedad enferma. Pero eso será hasta el lunes, si tenemos suerte.


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