Julio Serrano Echeverría

Algo de la brisa

Estas son algunas notas al pie de nuestra íntima relación con la memoria, de aquello en la historia que es nuestra historia

Todo gran momento de la historia en principio es un momento personal. Una sensación. Aquello que pensamos anecdótico es aquello de corazón que no cabe en los libros de historia, que raras veces logra mostrar el periodismo, eso que dejan ver aquellas grandes fotos, o quizá, lo que se cuela en el cuadro al fondo, como un incidente inesperado. La historia pareciera ser bastante radical con el tema, le interesa aquello que es para la historia. El cuerpo también es radical, aquello que se siente también se guarda para sí, lo que explicaría el agotamiento de las palabras, el balbuceo en la conversación tratando de traducir esa sensación, pienso en estos versos de Pasolini: 

“Quieres SABER. no hay pregunta sobre algo
para lo que no hay respuesta: que solo tiembla en el pecho.

La respuesta, si la hay, está en el puro
aire del atardecer, encendido sobre las tapias.”

Y entonces, él está frente a mí, contándome cómo se peleaba con su amada en mensajes de texto, mientras filmaba los testimonios del juicio y a su derecha una amiga pensaba en el inminente divorcio con su marido, y luego en primera fila, otra mujer que acompañaba a su esposo, junto a los hijos y los nietos que estarían teniendo su propia experiencia pensando que su abuelo está acusado de cometer genocidio contra el pueblo Ixil en Guatemala. Yo estoy sentado escuchando nomás el relato, imaginando cómo se observa la historia detrás de una lente, me gusta pensar que leí una vez a Benjamin decir que todo tiembla frente a la cámara, pero nunca volví a encontrar la cita.


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