Juventino Gálvez

Así es, ¿y ahora qué?

Cuando se analiza objetivamente la realidad y se recurre a las estadísticas disponibles, ya sean oficiales o provenientes de centros de investigación acreditados como tales, es difícil dejar de asumir con bastante pesimismo esta realidad.

Y cuando detrás de un gobierno fracasado vienen unos candidatos cortados con la misma tijera, no es posible asumir la posibilidad de un nuevo rumbo para reconstruir este país.

Mientras tanto, se hacen sendos análisis en diferentes espacios y medios de comunicación, muchos de ellos brillantes de verdad; se hacen denuncias prácticamente en cadena; se debate una y otra vez sobre problemas; se lanzan posibles soluciones y se repiten hasta la saciedad, pero no pasa nada, en el sentido que convenga a todos. Ninguna propuesta sana es vinculante, porque no hay interlocutor válido o bien porque este interlocutor formal ya tiene su propia formula que responde a sus particulares intereses. Los puentes están rotos, se consolidan “maras de guante blanco”, todos con un móvil común: el dinero y todo lo que éste compra.

Y para ello se recurre a todos tipo de artimañas y actos deleznables: exprimir este territorio hasta dejarlo estéril; aplastar a la gente humilde que intenta desde la llanura defender sus escasos bienes y sus reducidos derechos;  hacer leyes a la media o retorcerlas en beneficio particular; negociar con funcionarios corruptos de oficio; asaltar instituciones para convertirlas en oficinas de negocios propios; quebrarlas a tal grado que ya nadie crea en estos remedos institucionales que más bien son recintos sin rumbo donde se acomodan los miembros de las maras y clanes. Una y mil formas cada vez más cínicas, se utilizan para alcanzar el móvil perseguido.

Que el sistema que tenemos es concentrador y excluyente en la dimensión económica; promotor de la fragmentación y la depauperación física, material y espiritual de la persona en la dimensión social; degradante y contaminante en la dimensión ambiental y; obsoleto, fracasado, corrupto e impune en la dimensión institucional: Así es, ¿y ahora qué?

Así las cosas, alguien pensó que las personas de La Puya iban a recibir un trato humano tal como corresponde a todo ciudadano. No, les dieron lo que las maras dominantes de este país les ha reservado: Palo. Y empuñado por la mara más traicionera y perversa: la del Gobierno. 


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