Ivan Morales Carrera

La explosión de medios digitales

Son buenos tiempos para nosotros, los lectores de medios. Internet, en su implacable avance, ha terminado por derribar las viejas barreras de entrada al mercado de medios escritos de comunicación.

Lo que antes era un club relativamente pequeño, está ahora al alcance de una gran mayoría, y ha visto brotar miles de nuevos blogs y medios digitales, brindando información de todo tipo (y en diversas presentaciones) al lector que esté dispuesto a dedicarles su tiempo.

Esta tendencia global también ha tomado por asalto a Guatemala, viendo la entrada al mercado de nuevos participantes como Plaza Pública, Contrapoder, Crónica, Soy502, Diario Digital y (pronto) Nómada, entre otros, que rápidamente han puesto presión sobre los aletargados medios escritos tradicionales.

Compitiéndoles a los periódicos en calidad de contenido, apostándole a nuevo talento periodístico y ganándoles mercado al ofrecer contenido en su mayoría de forma gratuita, obligándoles a ofrecer algo mejor al lector o arriesgarse a dejar de ser leídos.

Si bien cada uno de estos nuevos participantes digitales apunta a ciertos segmentos particulares: revistas semanales, jóvenes, opinión e investigación/crónica periodística, y varían en calidad, en conjunto han venido a inyectar nueva vida a una manera de informar que se encontraba moribunda.

Especialmente importante ha sido el espacio que se ha creado para que nuevas voces puedan opinar sobre temas relevantes para el país. Gente nueva, con ideas interesantes que antes no era posible escuchar y en un formato mucho más interactivo que el de la columna tradicional.

Nunca antes hemos tenido a nuestra disposición tanta oferta de lecturas e interpretaciones distintas sobre una misma realidad.

Pero, ¿es esta nueva situación algo sostenible? ¿Cómo sobrevive en el mediano plazo algo que está siendo ofrecido prácticamente gratis al lector?

Muchas veces la gratuidad de contenido implica un subsidio a los lectores, que se financia con el tiempo (no pagado) que estudiantes de periodismo y otras carreras afines “donan” a los medios, o se paga con una concentración excesiva en pocas fuentes de financiamiento, con el riesgo que ello conlleva. 

Eventualmente alguien tiene que asumir el verdadero costo de la creación de contenido, del enorme valor del capital humano detrás de este esfuerzo, y la forma en que ello se haga importa.

En otros países, varios medios digitales ya han reconocido esto, y han expandido el modelo de “paywall” o pago por acceso a contenido. Otra alternativa es inundar el sitio con (terriblemente molesta) publicidad digital o financiarse en base a donaciones. Distintas combinaciones de estos modelos, cada uno con sus potenciales fragilidades.

Digo, no se equivoquen, me parece genial si me quieren seguir ofreciendo información de buena calidad en forma gratuita. Pero reconozco que el periodismo genera un valor mucho mayor al simple estímulo del lector, también trabaja como un bien público al forzar mayor transparencia sobre el sistema político, fortaleciendo ese incipiente proceso de construcción de sociedad civil.

La cobertura brindada por varios de los nuevos medios a las de comisiones de postulación para la elección del Fiscal General ha sido el mejor ejemplo de ello. Ha puesto luces sobre lo que antes era una caja negra, o como perfectamente lo resumió un tuitero: “antes también nos metían goles, la diferencia es que ahora podemos verlos en tiempo real” (una sutil, pero enorme diferencia).

Al final del día, los medios son un emprendimiento, tengan fines de lucro o no, y alguien tiene que retribuir ese esfuerzo. Entre más dispersas sean esas fuentes de financiamiento, mayores posibilidades existen de que los medios mantengan su independencia editorial y su calidad.

Así que en gran parte, la pregunta debería ser: ¿estamos dispuestos también, nosotros los lectores, a pagar el precio que implica tener un periodismo independiente y de buena calidad?


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