Hace dieciséis años, vieron la luz los cuatro tomos que conforman el informe Guatemala: Nunca más, publicado por el proyecto interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). De la oscuridad del forzado olvido cultivado en el terror, nació a la claridad la memoria colectiva recogida como migas por los incansables animadores de la verdad. Fue el primer esfuerzo nacional y coordinado que ofreció a las víctimas y a sus familias, la posibilidad de decantar su recuerdo y empezar a sanar las heridas de la tragedia.
Miles de testimonios fueron recogidos, documentados y sistematizados para construir el cuerpo de lo que fue el informe final. Llegar al momento de su devolución, es decir, de entregarle a personas o grupos representativos de quienes dieron su declaración, requirió pasar por varios procesos y superar muchos obstáculos.
Emprender la tarea de recibir la voz directa de las víctimas exigía no sólo tener papel y lápiz o grabadora. No. Era necesario también contar con los espacios que ofrecieran la confianza para que la memoria floreciera, individual o colectivamente. Pero también, contar con equipo que fuera capaz de ofrecer el hombro solidario en caso se diera la necesidad de abrigar y consolar a quien el dolor pudiera vencer.
Luego, el resguardo de la información y su análisis para la redacción del informe fue otra tarea titánica. Cómo organizar los datos, cómo garantizar que se preservara el sentido humano de los hechos narrados y al mismo tiempo ofrecer una estadística que ayudara a comprender la magnitud del dolor y de la tragedia, fueron los dilemas que el equipo finalmente resolvió. De allí que los cuatro tomos del informe REMHI como se le conoce, ofrece una visión histórica de esta sociedad y los fallos estructurales que la definen. Ofrece también, un análisis detallado de las causas que motivaron el conflicto armado interno y la forma cómo el Estado se organizó para enfrentarlo.
Tomando como base las voces de la memoria y del dolor, el REMHI dibuja con inobjetable trazo, el rostro humano de la estadística y el dato que analiza. No cabe duda de que Juan Gerardi culminó en forma brillante su labor pastoral al conducir al equipo del REMHI. Y, la tarea inmediata posterior a su presentación y devolución requería de un esfuerzo quizá mayor todavía: llevar ante la justicia el reclamo legítimo de la memoria y de la verdad.
Y, precisamente, para impedir este segundo paso, apenas dos días después de presentado el documento, el coordinador del mismo y animador de su proceso fue masacrado. La madrugada del 26 de abril de 1998, Juan Gerardi encarnó la imagen de los miles de testigos y declarantes del Informe a quienes la oscuridad de la que había surgido el texto consideró de nuevo enemigos y cobró en una, los miles de vidas que ya antes había arrebatado. Vidas que están reflejadas en los cientos de miles de nombres que dan relieve a las doce columnas del atrio de la Catedral Metropolitana.
Dieciséis años después, la memoria viva del Obispo y su esfuerzo están presentes en el equipo que luchó por alcanzar justicia por su ejecución y continuar la obra de su tutor. El camino que trazó el pastor de la verdad ha sido transitado a pesar de los obstáculos. Hoy por hoy, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), con su trabajo y su búsqueda de justicia, encarna la visión del obispo visionario.









