Iduvina Hernández

Al pastor de la verdad

El silencio de atención podía escucharse en todo el recinto cuando daba su discurso. Pausadamente, con la rotundidad de sus palabras, el Obispo de la verdad, el pastor de la memoria, Juan José Gerardi Conedera, hizo estremecer los gruesos muros de la Catedral.

Hace dieciséis años, vieron la luz los cuatro tomos que conforman el informe Guatemala: Nunca más, publicado por el proyecto interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). De la oscuridad del forzado olvido cultivado en el terror, nació a la claridad la memoria colectiva recogida como migas por los incansables animadores de la verdad. Fue el primer esfuerzo nacional y coordinado que ofreció a las víctimas y a sus familias, la posibilidad de decantar su recuerdo y empezar a sanar las heridas de la tragedia.

Miles de testimonios fueron recogidos, documentados y sistematizados para construir el cuerpo de lo que fue el informe final. Llegar al momento de su devolución, es decir, de entregarle a personas o grupos representativos de quienes dieron su declaración, requirió pasar por varios procesos y superar muchos obstáculos.

Emprender la tarea de recibir la voz directa de las víctimas exigía no sólo tener papel y lápiz o grabadora. No. Era necesario también contar con los espacios que ofrecieran la confianza para que la memoria floreciera, individual o colectivamente. Pero también, contar con equipo que fuera capaz de ofrecer el hombro solidario en caso se diera la necesidad de abrigar y consolar a quien el dolor pudiera vencer.

Luego, el resguardo de la información y su análisis para la redacción del informe fue otra tarea titánica.  Cómo organizar los datos, cómo garantizar que se preservara el sentido humano de los hechos narrados y al mismo tiempo ofrecer una estadística que ayudara a comprender la magnitud del dolor y de la tragedia, fueron los dilemas que el equipo finalmente resolvió. De allí que los cuatro tomos del informe REMHI como se le conoce, ofrece una visión histórica de esta sociedad y los fallos estructurales que la definen. Ofrece también, un análisis detallado de las causas que motivaron el conflicto armado interno y la forma cómo el Estado se organizó para enfrentarlo.

Tomando como base las voces de la memoria y del dolor, el REMHI dibuja con inobjetable trazo, el rostro humano de la estadística y el dato que analiza. No cabe duda de que Juan Gerardi culminó en forma brillante su labor pastoral al conducir al equipo del REMHI. Y, la tarea inmediata posterior a su presentación y devolución requería de un esfuerzo quizá mayor todavía: llevar ante la justicia el reclamo legítimo de la memoria y de la verdad.

Y, precisamente, para impedir este segundo paso, apenas dos días después de presentado el documento, el coordinador del mismo y animador de su proceso fue masacrado. La madrugada del 26 de abril de 1998, Juan Gerardi encarnó la imagen de los miles de testigos y declarantes del Informe a quienes la oscuridad de la que había surgido el texto consideró de nuevo enemigos y cobró en una, los miles de vidas que ya antes había arrebatado. Vidas que están reflejadas en los cientos de miles de nombres que dan relieve a las doce columnas del atrio de la Catedral Metropolitana.

Dieciséis años después, la memoria viva del Obispo y su esfuerzo están presentes en el equipo que luchó por alcanzar justicia por su ejecución y continuar la obra de su tutor. El camino que trazó el pastor de la verdad ha sido transitado a pesar de los obstáculos. Hoy por hoy, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), con su trabajo y su búsqueda de justicia, encarna la visión del obispo visionario. 


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