María Isabel Carrascosa Coll

Incomodarse

Hace unos días participé en un seminario sobre la lucha sobre derechos civiles en la ciudad de Atlanta. Durante el seminario tuve el gusto de conocer a una gran activista de derechos civiles en ese país, la señora Dana Vickers Shelley,* quien me recordó la importancia de incomodarse.

Dana es la directora de un centro que se dedica a brindar asistencia legal a niños y adolescentes en situación de riesgo. Disminuir el racismo, la intolerancia, la discriminación y la violencia son sus metas. Ella nos invitaba a considerar que la privatización de la educación, la enseñanza en privado en los hogares y los programas de bonos hacían más difícil el cumplimiento de una sentencia histórica de la Corte Suprema de Justicia, Brown contra El Consejo de Educación, por medio de la cual se prohibió la segregación educativa.

Esta decisión de la Corte no estableció el mecanismo adecuado para que todos los niños, sin importar su raza, tuvieran las mismas oportunidades. Para cumplir dicha sentencia se intentó transportar niños en autobús de un barrio al otro para que de esta manera niños afroamericanos pudieran asistir a escuelas de niños blancos. Sin embargo, tanto esa solución como muchas otras fueron intentos fallidos y al día de hoy se considera que no se ha logrado el objetivo de esa sentencia. La solución es un esfuerzo diario y no hay una solución concreta. Dana desde su centro promueve ciertas ideas, pero no predica verdades absolutas.

Lo que sí es claro para Dana es que incomodarnos con la discriminación, con la pobreza y con nuestras ideas es una obligación. El privilegio de tener educación nos obliga a cuestionarnos. Pero ese cuestionamiento no es un ejercicio real cuando se hace con personas que piensan y actúan de la misma forma que uno. Eso es verse en un espejo, lo cual ayuda a reconocerse y a comprenderse, pero no necesariamente nos permite encontrar las mejores soluciones. Luego de reconocerse en el espejo es importante abrir la ventana y explorar a los demás.

Llevo tres años escribiendo en un medio donde lo más probable es que yo me incomode más leyendo arguments ad hominem, que lo que logre incomodar a otros que leen mis columnas. Plaza Pública como el propio Martín, su primer director, lo describe es un medio progresista.  La etiqueta me parece bastante diversa y creo que así son sus lectores también, aunque muchos lo consideran el medio más de izquierda en el país. A mí me invitaron a participar precisamente buscando esa diversidad de ideas. Y por eso acepté el reto, hace tres años me acompañaban más columnistas que no se alineaban necesariamente con la ideología del medio. Ahora son menos, pero son más los medios digitales.

Y eso me da la impresión es segregarse. Definitivamente, es muy cómodo escribir un blog y que los comentarios de los lectores sean positivos. Es respetable pensar que lo mejor es saber que si soy “progre” me suscribo a Plaza Pública para leer a quienes piensan igual a mí y, si soy libertario me suscribo a “repúblicagt” y encuentro a ahí un espacio para compartir mis ideas. Yo pienso que eso no nos incomoda y no nos permite encontrar las mejores soluciones como sociedad.

Al igual que las garitas, a las cuales considero el adefesio más anti-ciudad que existe, ideologizar espacios considero que es anti-ciudadano. Quizá me equivoque y seguir escribiendo en Plaza Pública es solo parte de mi rebeldía y nadar contracorriente, pero creo que escribir en espacios incomodos e incomodar es la mejor forma de hacer país.  

* http://www.splcenter.org/who-we-are/leadership/dana-vickers-shelley


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