Luis Mack

Incentivando el pensamiento estratégico

Si entendemos el pensamiento estratégico* como la capacidad para anticipar los problemas y preparar las condiciones para el cambio y la transformación de la realidad, la sociedad guatemalteca y sus principales líderes políticos, sociales y económicos carecen casi por completo de pensamiento estratégico; más bien, el liderazgo guatemalteco está afincando una severa miopía de futuro que condiciona al país a una eterna campaña de apagar los múltiples fuegos de las muy previsibles crisis que ya se avecinan en el horizonte.

Los gobernantes desde 1986 a la fecha, de hecho, han aprendido esta lección, ya que han dedicado buena parte de la gestión de gobierno a lidiar con las recurrentes crisis de gobernabilidad, algo de lo que no ha escapado el actual ocupante de la silla presidencial, Otto Pérez Molina.

Ahí están, por ejemplo, las múltiples demandas del movimiento social guatemalteco y de los partidos de oposición, dispersos en uno y mil frentes de batalla, hechos que solamente demuestran que el viejo Arte de la Guerra sigue siendo válido: mientras las luchas y el liderazgo social se dividan en una lista interminable de peticiones, las principales batallas que habría que librar para transformar Guatemala siguen esperando tiempos mejores. También pueden considerarse como miope a la dirigencia partidista, preocupada solamente por obtener la adhesión coyuntural de la ciudadanía que les garantice la victoria electoral, aunque  ello los condene a desaparecer en el futuro inmediato.  

La élite empresarial no es menos cortoplacista: la soberbia del poder les impide modificar su larga tradición excluyente y  su insaciable sed por descubrir “el agua azucarada”, tal como se hizo evidente en la última cumbre empresarial ENADE 2013, en la que finalmente descubrieron con asombro lo que por muchos años los expertos y los académicos habían afirmado: es indispensable reducir la pobreza para promover un desarrollo real. Sin embargo, su miopía les impide articularse con el resto de fuerzas de la sociedad, y pretenden ahora desarrollar una estrategia aislada y superficial de superación de la pobreza, con un alto contenido racista, discriminador y asistencialista.

Lamentablemente, los escasos y cada vez menos relevantes centros académicos de este país siguen la misma tónica, ya que no sólo hay poca investigación de calidad, sino que la poca que existe está dedicada casi por entero a la mera descripción de los problemas que nos aquejan, mientras hay un vacío enorme de capacidad para reflexionar el futuro, anticipar los problemas y promover cambios profundos que signifiquen una transformación efectiva de la sociedad guatemalteca.

Teniendo en mente este panorama de ausencia casi completa de líderes y actores sociales, políticos y económicos con una capacidad estratégica, intentaremos trazar en las siguientes reflexiones los grandes rasgos y desafíos del pensamiento estratégico, además de que intentaremos diseñar una ruta de posibles metas fundamentales que como sociedad debemos asumir para generar las condiciones para convertir a Guatemala en un mejor lugar para vivir.

La premisa es que mientras no contemos con la capacidad estratégica que supere el cortoplacismo y la miopía política, será imposible esperar un futuro mejor para todos.

*  http://www.wobi.com/es/blog/los-seis-elementos-clave-del-pensamiento-estrategico


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