Siempre he pensado que lo único que queda para sobrellevar la realidad tan crítica de Guatemala es el sentido del humor, “sólo el humor nos salvará”. Lo digo porque mientras haya risa, haya tino y sarcasmo que nos haga reír a muchos, pues sigue siendo un vínculo humano que nos recuerda que de las malas se puede sacar por lo menos una buena carcajada que libere endorfinas.
El “harinazo” no dejó de ser materia prima para decenas de burlas, y más allá de saber si fue una boba estrategia del oficialismo, de si fue Karlitos y Baldizón o la AEU, si estuvo bien porque se lo merecía, o si fue una agresión y un reposo de cuatro semanas, yo me quiero centrar en la doble reacción de los que vimos la secuencia de fotos, el video, los titulares, aquellos que finalmente nos reímos, nos reímos de muy buena gana. Mientras la risa no sea delito, nos reiremos, y cuando se penalice como se penaliza tirar un puñado de polvo blanco, seguiremos riendo.
La población guatemalteca, mucha de ella, se rió de la vicepresidenta Baldetti al verla con el polvo blanco, al verla en la camilla del hospital privado junto a los médicos, al salir con su ojo con gasa… En principio, cuando se ríe de las figuras públicas, no sólo tiene que ver con la situación graciosa a la que se ve metido, sino también porque no se le respeta, y tampoco se lamenta lo sucedido. De la mujer que se ha dicho muchas cosas, entre rumores e índices de cosas ciertas, de quién no ha querido decir de dónde vienen las casas y los lujos, de la Vicepresidente que ha hecho bochorno con países vecinos, no se puede respetar ni lamentar si alguien, que sea como sea, tuvo el valor de un gesto que algunos, en sus más profundas conciencias, han querido hacer.
La risa de miles de guatemaltecos demuestra una crítica fuerte también a la política en Guatemala, y ahora al Gobierno del partido Patriota. La crítica va desde el show montado por la señora Baldetti, exagerando el problema, perdonando cual Mesías a las dos jóvenes haciendo falsa muestra de una humildad; pasa por hacer énfasis en varios rumores de la pareja presidencial y el albur hace gala de la simpatía guatemalteca; termina por hacer de la justicia un títere de trapo, al hacer de este “caso” un crimen que debe ser investigado y juzgado, mientras otros que llevan más de una década se dejan al olvido…
Lo que no me da risa es la situación de las dos mujeres que se han visto involucradas en esta telenovela política barata. Son jóvenes, ingenuas posiblemente, y han sido el chivo expiatorio de alguien que las ha querido utilizar. Como siempre, en Guatemala, se termina usando a quien sea –no importa su nombre, ni su historia, su futuro, lo que siente- y simplemente se termina siendo una pieza que tiene otros fines. Ojalá no se les dé la espalda, ni siquiera por la sociedad que ha reído, porque lo que está en juego puede ser menos efímero que el tiempo que tomó que la Vicepresidenta se empolvara. Los responsables serán los cobardes, quien sea que sea, que estuvieron detrás de todo esto y que no se atrevieron a dar la cara.









