Están seguras en sus puestos y desde los mismos, abusan del poder que ostentan y sirven a los intereses de quien aceita sus monederos. Ambas pasaron por el Congreso. Ambas se las daban de coquetas. Ambas gastaban su buena lana en servicios de cosmetología. Ambas eran las señoras en el legislativo. Ambas figuraban en las sillas del poder en el partido que ahora gobierna. Ambas se pintaban de naranja. Ambas se fajaron en la campaña. Ambas palpitaban junto al general ahora presidente. Ambas han cobrado con el poder, los servicios prestados al partido. Ambas, también, han dado muestras de que no les preocupa que exista conflicto de intereses entre sus ocupaciones múltiples y su relación con el poder. Así, la una, es vicepresidenta de la república y, cuando el mandantario sale del país, asume como presidenta en funciones. Al mismo tiempo, también ejerce como secretaria general de su partido. De tal suerte que puede estar (si es que cumple horario laboral) de las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde como vice mandataria o mandataria si fuera el caso y desde las cuatro y un minuto hasta las siete con cincuenta y nueve del siguiente día, no tiene empacho en estar como la principal figura de su partido político. Nada le cuesta, asegura, cambiar de disco entre un minuto y otro. Así, en la misma edición o emisión de algún medio de prensa puede ser vista dando declaraciones como vice mandataria o mandataria y como secretaria general de su partido. Puede actuar como responsable de representar los intereses de toda la nación y defender los intereses específicos del partido que la llevó a la vicegubernatura. La otra, abogada de profesión, ha sido la representante del partido en el poder ante el sistema electoral. Ha sido quien defiende los intereses legales de la entidad política, lo cual incluye interponer cuanto recurso de amparo pueda para, maliciosamente, litigar de tal suerte que continúe de hecho el robo de la curul del diputado Walter Félix, en favor del partido oficial. Un robo perpetrado por interacción de la vicegobernante en su calidad de secretaria general del partido y, ahora en litigio, sostenido por la otra señora. Esa que defiende legalmente al partido que gobierna y quien tiene, también, la responsabilidad de velar por la legalidad en el registro de propiedades inmuebles en Guatemala. La misma que se niega a transparentar el manejo financiero de la entidad que conduce pues, argumenta que por ser fondos privativos no está obligada a decirnos cómo se gasta los recursos que recibe la entidad pública que dirige y por la cual devenga un salario pagado con nuestros impuestos. No tienen, dicen ambas, ningún conflicto de intereses al seguir en las posiciones políticas que representan en su partido (el que gobierna, el Partido Patriota) y en ser, una vicepresidenta y otra registradora de la propiedad. Doña Roxana Baldetti y doña Anabella de León, al parecer, llegaron tarde, se fueron de capiuza, no aprobaron o, simplemente consiguieron certificado sin molestarse en estudiar los aspectos relativos a la ética profesional y política. Ellas, ubicadas en las nubes del poder, se sienten más allá del bien y del mal. Ellas no ven o no quieren ver, la inmensa sombra de duda que se cierne sobre sus actuaciones plenamente marcadas por intereses particulares defendidos o favorecidos desde las cuevas del poder donde se ubican. Ambas, al final de cuentas, son coyotas de la loma de la cual han salido las y los malos políticos que han destruido el sistema democrático en Guatemala.
Ética política y conflictos de intereses
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