Martín Rodríguez Pellecer

Parteaguas político

La salida de Pavel Centeno de Finanzas.

Los gobiernos, las administraciones cuatrianuales, tienen momentos que representan un antes y un después. Durante el gobierno de Álvaro Colom lo fueron el caso Rosenberg y la salida de Juan Alberto Fuentes Knight como ministro de Finanzas. El primer parteaguas del gobierno de Otto Pérez Molina es la salida de Pavel Centeno como ministro de Finanzas.

El puesto es clave, porque es el responsable de la distribución de fondos públicos y es una persona de mucha confianza de cada presidente. Pavel Centeno es un técnico-político que fundó el Partido Patriota junto al presidente Pérez Molina y la vicepresidente Baldetti. Es decir, del petit-comité de Otto Pérez desde que eran tan pocos, que recuerdo que les tocaba llamar a periodistas para preguntar si podíamos adelantar cómo saldrían las encuestas de cada medio.

Centeno, quien viene de una tradición centrista, académica, que incluso lo llevó a Flacso-Guatemala, era un hombre cuya voz era escuchada por el Presidente. Fue, por ejemplo, quien propuso a Fernando Carrera para Segeplan, para apoyarle para reformar profundamente la estructura fiscal del país. Y Carrera, promotor de la regulación de las drogas y ahora Canciller, es uno de los escasos ministros de calidad.

Centeno formó un equipo del más alto nivel en el ministerio y logró que el Partido Patriota aprobara una reforma fiscal del Impuesto Sobre la Renta (ISR), primera en cuarenta años, diseñada por el Grupo Promotor del Pacto Fiscal, anhelada por Fuentes Knight y que logró aumentar los ingresos directos por ISR entre un 24 y un 35 por ciento. Este récord fue un golazo para el Estado. Y le valió una interpelación de los populistas radicales de Lider durante un montón de meses, que intentó terminar con su amague de renuncia.

Entre lo negativo de su gestión, no impidió que el Gobierno premiara la falta de eficiencia en el resto del Estado para que se beneficiara con transferencias al final del año al Ministerio de Comunicaciones del delfín Alejandro Sinibaldi, obviamente sin ningún atisbo de transparencia.

Su salida, no obstante, es como quitarle el portero a los delanteros-delfines. Delfines presidencial, parlamentarios o de alcaldías. Es decir, cuando el presidente o la vicepresidente o algún ministro quiera más recursos para algún programa por motivos partidistas-electoreros, como por ejemplo de fertilizantes, o quiera dar más ventajas fiscales todavía a los empresarios, tendrán menos resistencia desde Finanzas. Es una derrota para el presidente, para el Gobierno y para el Estado.


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