María Isabel Carrascosa Coll

La regla del palillo de dientes

Durante su primera campaña, el entonces candidato Barack Obama le declaró la guerra a los cabilderos en Washington. Por eso, al ganar la presidencia, se introdujeron una serie de nuevas reglas en el Congreso, en el Senado y en el Ejecutivo.

Hay reglas que parecen ridículas y exageradas. Una de ellas es la de canapés: los diputados y sus equipos tienen limitación de asistir a recepciones en las que sirvan platos fuertes, pero sí pueden asistir a eventos en donde ofrezcan boquitas. Los diputados y sus equipos no pueden recibir regalos de cabilderos, y tampoco pueden recibir regalos de una misma persona o institución que superen los 100 dólares al año. Además, los funcionarios públicos tienen que declarar los regalos que reciben.

El trasfondo de estas reglas es transparencia y rendición de cuentas. La efectividad de las mismas no está probada. Lo que sí está probado es que la declaración de estas actividades nos permite a los ciudadanos saber por quién responden los funcionarios públicos.

La reciprocidad es una actitud muy humana. El dicho popular que reza: ¨Es de bien nacidos ser agradecidos¨ aplica a la perfección en estos casos. Si cierta institución me trata bien, me consiente, aporta y ayuda a mi carrera política pues es natural que esa institución va a tener las puertas más abiertas de mi despacho que quienes no me apoyaron. Es natural, es la forma en que funcionamos los seres humanos.

Cuando se trata del sector público, los ciudadanos tenemos el derecho de regular estas situaciones pero para empezar tenemos el derecho de visibilizar estas situaciones. El reciente fiasco del Ejecutivo respecto a las declaraciones juradas patrimoniales y la engavetada que le dio el Congreso a las reformas a la ley de Probidad (tanto la presentada con el paquete de transparencia como la reacción al escándalo Baldetti) hacen evidente el poco interés que tienen los políticos guatemaltecos de darse a respetar por los ciudadanos.

Pero lo que más me llama la atención es que esta actitud se repita, y pase desapercibida por la sociedad civil en la actual discusión sobre las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. La forma en que se regulan las donaciones privadas es sumamente superficial. El problema con este tipo de normas es que son tan amplias que es imposible aplicarlas.

El financiamiento privado se puede hacer de varias formas, y dependiendo de cómo se haga la fiscalización del mismo. En la iniciativa se limitan a regular las donaciones por medio de depósitos bancarios. Aun y cuando, esa fuera la única forma de recibir financiamiento, que no lo es, establecer que: ¨ Dicho registro deberá ser público y ser difundido en los medios electrónicos con los que la organización política cuente¨ es un tanto irrisorio que pareciera que quienes la proponen solo quieren hacernos creer que esta reforma beneficia a los ciudadanos.

Al regular financiamiento de campañas es necesario poner normas de palillos de dientes, de lo contrario nunca se va a poder responsabilizar a nadie. 


Recomendados