Primero, para que se conozca de qué se trata y segundo, que sea incluido como un hábito o constante en las principales acciones y decisiones de los grupos sociales y en las políticas públicas.
El apropiado uso y conservación del suelo, antes de las reforestaciones y las protecciones de fuentes de agua, siguen un orden lógico: suelo, bosque, agua; y esta perogrullada es necesaria ante la ligereza con la cual se dice que Guatemala es uno de los diez países del planeta más vulnerables ambientalmente. Hay que especificar que es vulnerable a deslizamientos, y muy vulnerable.
Acá en Guatemala no sólo puede hundirse el suelo bajo sus pies, sino que puede caerle del cielo, y si está haciendo cola en el derrumbe del kilómetro diez y medio saliendo a El Salvador piénselo, si está viajando por la Carretera Interamericana igual. El desordenamiento territorial manifiesto en la mala utilización del suelo, tanto para producir como para vivienda, alcanza niveles de escándalo.
Ya dijo alguien haciendo gala de un liberalismo a ultranza que si se trataba de sembrar claveles en una playa de arena, siendo la playa de ella y la semilla de clavel comprada con su dinero, podía hacerlo; al fin y al cabo era su libre albedrío perder dinero. Éste no debería ser necesariamente el tema de discusión, sino cuando una acción individual afecta el interés, la seguridad o el bienestar de la mayoría; el tema no es que pierda su casa el que construyó en la orilla de un paredón; el tema es que no mate, lastime o afecte al que está abajo en el paredón.
A la larga, la mala utilización del suelo ocasiona pérdidas humanas, económicas, ambientales y sociales; un continuado y consistente desorden territorial limita y acaba con las posibilidades de desarrollo del territorio, ¿un ejemplo? ¡Sololá!; y en particular el lago de Atitlán. Esa zona que reúne todas las características para ejemplificar lo que debería ser un modelo de desarrollo rural integral (con creación de capitales y un espectro de actividades económicas suficientemente amplias y diversas) se muestra con niveles de pobreza que nadie esperaría.
Ningún fenómeno es mono causal, pero éste del lago de Atitlán debiera ser tratado a partir de una prioridad: ordenar el territorio alrededor. La población en algunos centros alrededor del lago se duplica cada diez años, mientras los servicios no se adecúan a dicho ritmo. ¿Cuál es el resultado? pues el que se ve ahora: daños ambientales, daños económicos y daños sociales con niveles de pobreza que llevan a que se descalce Justin Bieber. Este espectáculo no puede seguir así por mucho tiempo, como decía una pinta callejera en Buenos Aires: “no es que los ríos se estén desbordando, es que el país se está hundiendo” y creo que literalmente.









