Francisco Díaz

Una bala va y viene y en alguien se detiene

Newton descansaba bajo la sombra de un árbol cuando una manzana lo golpeó inesperadamente. El “manzanazo” además de provocarle un moretón notable, removió su inteligencia y tras posterior reflexión formuló la Ley de la gravedad, “todo lo que sube tiene que bajar”.

Aunque la afirmación sea sencilla, resulta que para algunos es difícil asimilar tal principio básico de la ciencia cuya puesta en práctica nos ahorraría muertes innecesarias e injustificadas.  En cierto sentido, Newton tuvo suerte que fuera una manzana y no una  bala perdida la que lo golpeara, pues con seguridad hubiese muerto sin razón alguna, como toda muerte fruto de un acto ilógico.

Me refiero a los hechos lamentables que han situado a varios países de América Latina en una competencia estadística que ofrece como premio deshonroso ser llamados “el país de las balas perdidas”.  Tal contienda trágica demuestra que entre nosotros conviven ciudadanos estúpidos que están dispuestos a enlutar a una familia sin sentirse siquiera culpables.

Disparar indiscriminadamente puede justificarse, tal es el caso de un enfrentamiento entre policías y delincuentes.  Lo triste y condenable es hacerlo desde un ambiente de fiesta, que en su conjunto la alegría de unos puede provocar tristeza y luto en otros. 

Si bien es cierto que en las películas vemos a Rambo disparar y disparar sin que se acaben las municiones, en la vida real es imposible pues hay que comprar balas que cuestan entre 25 centavos y un dólar dependiendo del calibre y calidad.  Eso sí, para mayoristas siempre hay promociones y son más baratas.  ¿Qué pasaría si cada bala costara 100 dólares? 

Una bala que sube tiene que bajar destrozando, fragmentando, hiriendo o matando.

Newton entendió la Ley de la gravedad cuando recibió un “manzanazo” en la cabeza.  Usando la misma lógica, pareciera que aquellos ciudadanos faltos de inteligencia que realizan disparos al aire comprenderán el error mortal cuando uno de sus familiares, amigos, o en el peor de los casos ellos mismos sean víctimas de una bala perdida.  Ojalá que nunca les suceda y que exista otra forma de hacerles entrar en razón.  ¡Ojalá!

Tengamos la valentía de frenar al vecino, amigo o conocido que tiene la maldita costumbre de disparar al aire en el cumpleaños de la abuela, cuando gana su equipo o sencillamente por festejar Navidad.  Recordemos que han prohibido cierto tipo de fuegos pirotécnicos por ser peligrosos, ¡con mayor razón los disparos al aire!

Si usted, querido lector, amigo, amiga, ha realizado disparos al aire es posible que sea culpable de provocar la siguiente trágica noticia de Prensa Libre: “Una niña de 3 años que resultó herida por una bala perdida el viernes último, murió la noche del domingo en el Hospital San Juan de Dios debido a los severos daños que sufrió a causa del percance”.

De comprobarse su culpabilidad posterior a la prueba balística, sepa que la Ley de Armas y Municiones de Guatemala decreta en su artículo 127: “Disparos sin causa justificada. Comete este delito quien dispare con arma de fuego, sin causa justificada.  El responsable de este delito será sancionado con prisión de uno (1) a tres (3) años”.  Y si todavía no ha entrado en razón, recuerde que si escupe al cielo es probable que le caiga en la cara, ¿entendió?


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