La cara de horror de ella fue instantánea, se volteó y no pudo más que gritarle: “¡idiota!” mientras se ponía colorada. Él, ni siquiera volvió la vista, siguió su camino, carcajeándose. Yo, desde el carro, sentí que me hervía la sangre. “Pero ¿qué podemos hacer?” me dijo mi mamá “Ni modo que le tire el carro encima. Yo por eso les he dicho que si están en algún lugar público, esperando algo, se queden paradas contra una pared”. No pude evitar pensar que es lo mismo, una y otra vez.
En estos días se dictó sentencia a las personas que integraban el grupo conocido como los “violadores de la Roosevelt.” Gracias a ellos fue que el Ministerio de Gobernación emitió su famoso comunicado donde pedía a las mujeres abstenerse de manejar solas durante la noche. Fue éste un pequeño atisbo de cómo el machismo se cuela en todos los espacios y cuando nos damos cuenta, ya está prácticamente institucionalizado. Ahora, un año después, con una condena de por medio, me pregunto, ¿hubo algún cambio? A mí me sigue dando desconfianza salir sola después de las 8 de la noche, pero lo hago por necesidad, igual que mi mamá, mis hermanas o amigas. A la muchacha en la parada de bus, le ha de dar miedo también. Es el miedo de sentirse observada, de aprender a ignorar los chiflidos y las burlas, es el miedo de caminar más rápido, de no usar falda, de pararse contra a la pared para que nadie te pueda tocar el trasero mientras esperas.
Una condena es un paso adelante, es cierto, pero podría asegurar que si se hablara con ese grupo de hombres, su mentalidad seguirá siendo la misma: “las mujeres están ahí para nuestra diversión y placer”. Las mujeres están ahí, como objetos en exhibición. Y encima le dicen a una que debería tomárselo con humor, que es un elogio que te chiflen en la calle como si fueras perro. ¡Que es señal de que sos bonita! Porque ése es nuestro fin: buscar ser bonitas. Pero no demasiado. Busca mantenerte siempre joven, siempre sexy pero no mucho, porque si no, sos atrevida, regalada. Porque si sos demasiado linda, después van a decir que te lo buscaste. Nos llenan de contradicciones, pero hay que hacer caso, porque es por nuestro bien. Me imagino a la chica de la parada de bus, de seguro no es la primera o última vez que le ha tocado vivir algo similar. Así como a mí y a tantas otras mujeres.
Por eso, desde chiquitas, se nos enseñan cosas como pararnos pegadas a la pared. No se me olvida una imagen que estuvo circulando hace un tiempo, de una chica sosteniendo un cartel que decía algo como: “En lugar de enseñarnos a nosotras cómo no debemos vestirnos, enseñen a sus hijos a no violar”. Porque éste es un problema de varias caras. No podemos olvidar que donde hay una víctima, hay un victimario. Que a su vez también pudo ser una víctima. ¿Qué le están enseñando a los hombres? ¿Qué le enseñaron a esos tipos que decidieron formar un grupo organizado y salir a “cazar” mujeres en la Calzada Roosevelt? De seguro tienen mamá, hermanas o incluso hijas. ¿Les enseñarán también a pararse pegadas contra la pared? ¿Qué les han dicho a los hombres sobre nosotras? ¿Qué tipo de relaciones estamos enseñando, para tener todos los días noticias terribles de violaciones y abusos? Se condena a un grupo, y quisiera pensar que ahí se acaba la historia, pero no. Falta tanto, tanto más.
Un saludo a todos los participantes de la actividad Hilando la memoria este domingo. ¡Enhorabuena por estos espacios y esfuerzos!









