María Isabel Carrascosa Coll

La bella durmiente

El jueves pasado para sorpresa de muchos, el Congreso despertó. Por un momento las fuerzas se alinearon y el hemiciclo, como la bella durmiente, despertó de un letargo profundo.

Muchos afirman que el despertar del Congreso se debió a la competencia que, desde ya, tienen los distintos partidos políticos por posicionarse para las próximas elecciones. Y con ese afán consensuaron y lograron pasar la amnistía del Impuesto a la Circulación de Vehículos.  El Presidente en la radio y en la prensa con comunicados absurdos y el Dr. Baldizón también, todos arrogándose este gran logro. En las calles, la mayoría felices y con ese sentimiento de: “qué cabrón soy, no pagué el impuesto” y otros con la frustración de haber perdido su dinero por haber cumplido en tiempo con sus obligaciones.

El costo de esta hazaña es altísimo. Primero: porque el mensaje para la población continúa siendo incumpla con ley, es mejor pedir perdón que pedir permiso. No pague impuestos, quien quita al Presidente se le ocurre dar amnistía.

Segundo: no existe tal cosa como un programa de gobierno. El famoso paquete fiscal era como su nombre lo indicaba un paquete, que va ligado al presupuesto anual del Estado. Los ingresos y los egresos del Estado van unidos,  este paquete se justificaba porque le iba a dar al Presidente los ingresos, el empujón necesario para hacer la diferencia.

Tercero: El paquete contiene errores garrafales, la Corte de Constitucionalidad tiene engavetados casi un ciento de impugnaciones contra esta ley. Estos errores tienen un costo porque mueven e involucran a todo el gobierno y lo hacen perder tiempo y dinero.

Perder dinero… Durante este año, el Congreso le ha costado al Estado 180 millones de quetzales.  Siempre se trata de medir la capacidad de los diputados y la calidad del Congreso por la cantidad de leyes que pasan. Ése es un análisis sencillo que reduce las obligaciones de los diputados a legislar. No es el análisis más completo porque no toma en cuenta la calidad de las leyes ni la calidad de la discusión que éstas generaron. Análisis como ése tampoco consideran otras obligaciones de los diputados como es fiscalizar, generar debates, investigar, etc.

En nuestro país, ese análisis pobre es el único que se hace porque los diputados parecieran no cumplir ni conocer de sus otras obligaciones. Quizá el eficaz cumplimiento de estas otras justificaría los ingresos que como diputados reciben, pero ni a eso llegan.

Y es ahí donde la situación se complica, si el Congreso no hace nada, lo poco que hace lo hace mal y cuesta tanto, parece que no hay justificación para su existencia. Estos escenarios son los que permiten golpes de Estado y abusos de poder.  


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