María Isabel Carrascosa Coll

Soy chapín de sangre

Que todos pensáramos, actuáramos y reaccionáramos de la misma forma sería muy aburrido. Las personas somos universos distintos.

Sin embargo hay ventanas en las que esos universos se confunden y se funden. Esas experiencias nos permiten sentir pertenencia. Una de mis ventanas favoritas son los conciertos, cuando la música se apropia del espacio y nos podemos conectar y despegar. La pasión colectiva en los conciertos tiende a ser muy poderosa.

El sábado pasado, en el concierto de Viernes Verde éramos 800 personas que por tres horas fuimos uno solo, un ser poderoso lleno de energía. Fue un concierto en el que me sentí con fe en mi país.

Al ver ondear la bandera de Guate al ritmo de Réquiem en E me sentí orgullosa de ser de aquí. Los himnos nacionales buscan, precisamente eso, encender en patrio ardimiento a las personas. Nuestro himno es admirado por muchos, pero nunca he oído a un colectivo cantarlo como sí cantaron esta canción.

La banda celebra su vigésimo aniversario, yo celebré la vida de héroes que a través de sus letras y su música aportan a la construcción de eso que tanto buscamos los guatemaltecos, identidad. Pocos grupos en el país tienen la trayectoria de Viernes Verde, es difícil mantenerse fiel a sus valores con el paso del tiempo y el cambio de contextos, ellos lo han logrado.

Omar Méndez, el cantante de Viernes, es mi personaje del año. Es el mejor ejemplo de por qué este país, a pesar de tanta tragedia, sigue vibrando. Durante el concierto, Omar le recordó a ese colectivo que Guatemala es el mejor país para vivir, que quienes vivimos aquí hacemos la diferencia.

Los pensamientos de Omar eran cantados a todo pulmón por jóvenes de todas las edades. En el concierto estaban el padre con su hijo, la adolescente con su papá, la pareja de novios y la de no tan novios pero que al sentir la música no quedaba más que sentir el amor girar como quienes con frenesí saltaban en mosh.

Viernes Verde pertenece a una generación anterior a la mía, que en medio conflicto y posterior a él, soñó con un país más tolerante. Un país en donde el respeto a las opiniones de los demás y a la dignidad intrínseca de las personas es la regla y no la excepción.

La construcción de identidad y pertenencia son lo que nos va a permitir salir adelante, vivimos en el país más lindo del mundo, con la gente más especial del mundo. Construyamos ese orgullo chapín que nos permita actuar en libertad. 


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