Renzo Rosal

Caleidoscopio latinoamericano

Una asamblea de la Organización de los Estados Americanos OEA que arrojará pocos resultados de peso, en la línea de la parafernalia propia de ese espacio multilateral.

Debates que sirven para tomar el pulso a las diferencias, pocas opciones para los puntos en consenso. Guatemala, país anfitrión, cuya voz no se escucha con la supuesta fuerza que nos debería dar el hecho que uno de sus principales temas de agenda es la bandera levantada por nuestro gobernante para posicionar su gobierno a nivel continental.

América Latina es un mar de diferencias, sistemas políticos que apuestan por reformas profundas conviven con otros que promueven cambios moderados, y los menos, que asumimos posiciones de regímenes híbridos cuya traducción es sin mirada, determinadas por confusiones, sin rumbo y esperando al vaivén de las olas. Esas diferencias se notan en las resoluciones finales, que a lo sumo dirigen su mirada hacia continuar las discusiones sobre los rumbos de la lucha contra las drogas, camino que puede ser tan extenso como los discursos allí planteados.

Estados Unidos ha dejado ver su peso, el de siempre, pero ahora dimensionado sin mayores amenazas a la vista. Su poder de veto es claro sin que aparezcan voces disímiles que les contradigan con cierta argumentación. Incluso en su seno se retomaron las conversaciones entre ese gobierno y el venezolano, prueba que el chavismo está urgido de oxígeno y que lejos van quedando los planteamientos de Chávez.

Mientras transcurre ese plano de mucho ruido y pocas nueces, muy cerca de nosotros pasan eventos de especial transcendencia, adosados de una buena dosis de pragmatismo. Costa Rica fortalece su relación con China, claro protagonismo regional con resultados concretos. México hace lo suyo en las puertas del río Bravo; pruebas que el bilateralismo tiene sus réditos. La gira del primer ministro chino en los territorios que Estados Unidos considera como bajo su pleno control, tiene doble mensaje: es una clara respuesta a la reciente visita de Obama por los países asiáticos, declaración evidente que la lucha entre esos dos colosos desencadenará en episodios fuertes marcados por tensiones y realineamientos; pero mientras los hijos del Tío Sam ofrecen promesas y lanzan advertencias, los chinos ofrecen negocios con alta rentabilidad. Dos discursos dispares, dos visiones del mundo; un mensaje de temor, otro de atracción.

Los escenarios latinoamericanos son variopintos, pero privan las apuestas por el dinamismo, la búsqueda del otro, el imperativo a visiones de conjunto y de futuro; nosotros seguimos esperando que nos pase a recoger un tren que parece no existir, que no tiene el combustible necesario, o que cuando pase frente a nosotros venga cargado de los otros que llegaron primero y que sólo nos dejen las migajas.


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