El juicio a Ríos Montt y a Rodríguez nos ha interpelado como sociedad. Lo histórico tiene que ver con el tiempo: es tiempo de justicia, y la justicia –con el torbellino de acciones legales echadas a andar para hacerla retroceder– ha dado espacio para configurar otro momento. Tan histórico es el juicio, como el proceso de discusión y diálogo comenzado por muchos hoy por hoy. La memoria sigue en disputa, pero todos estamos hoy con posibilidad de decir y de formar criterio.
Un amigo poeta –Julio Serrano– me decía que éste es un tiempo para sentir. Estoy de acuerdo: es un tiempo para dejar hablar de nosotros y aquello que significa la guerra en nosotros. Guatemala se debe comprender desde el sentir, negado tantas veces durante la guerra. A generaciones enteras se les acorraló y se les obligó a sentir miedo, a tragarse las lágrimas, a matar cualquier sentimiento de un país diferente, a dar santo entierro a los desaparecidos. Rescatarnos como sociedad es darnos el chance de sentir, y saber el derecho nuestro que es.
El tiempo es vida. La vida se reconoce también como relación humana, con los otros y con nosotros mismos. La escucha y el diálogo, es la conexión más íntima con la cual se cuenta para entender quién está delante de mí, cómo sufre y qué necesita. Una guerra toca a todos, y todos ante una era de posguerra y de transición nos cuestiona. Pienso en los textos de Juan Pablo Dardón y de Juan Carlos Pensamiento (pueden encontrarlos en sus blogs), cada uno con una postura y una explicación. Retando al lector también a pensarse en relación a su historia y a su presente. Más allá de quién tiene la razón (yo tendré mi razón para pensar cómo lo hago), quiero conocer las razones de los demás, quiero escuchar qué tienen que decir y por qué lo hacen.
La Historia, me dijo alguna vez Gustavo Palma, se hace de muchas historias. Guatemala necesita de una nueva historia, de un pasado reconocido, de un tiempo ni olvidado ni borrado. Supongo que la nueva Historia de Guatemala no puede hacer lo mismo que se hizo en su momento, no puede cometer el mismo error: no se puede escribir omitiendo la voz de algunos, o de la mayoría, o de la minoría, un país lo son todos. Tal vez, solamente tal vez, si nos ponemos de acuerdo con nuestro pasado, también podremos ponernos de acuerdo en el presente.









