Juan Miguel Goyzueta

La Presidenta

En la 21 calle y 2ª avenida de la zona 1, se encuentra un mercado que recibe por nombre La Presidenta. La Presidenta, en femenino. En las noticias suele figurar por los operativos que realiza la Policía para decomisar celulares robados, pues al parecer es “el lugar” donde terminan esos aparatos.

A mí, sin embargo, el nombre me parece de lo más curioso ya que Guatemala nunca ha tenido una mujer presidente. ¿Por qué darle ese nombre a un lugar donde seguramente lo que afloran son las características más machas de la sociedad?

Quizá bien adentro del machismo latinoamericano se encuentre una relación amor-odio con la mujer autoritaria, cuya máxima  representación es la mujer presidente. La mujer presidente es odiada porque es Doña Bárbara: más autoritaria que los más autoritarios de entre los hombres. Por las mujeres es admirada porque es Muhammad Ali luchando por todas más que por sí misma. E incluso los viejos patriarcas le guardan un espacio cálido en su corazón porque para ellos a fin de cuentas es un Jesucristo redentor, perdonando los pecados de los viejos tiempos. El nombre de “La Presidenta” cae, entonces, como anillo al dedo para un lugar así.

Guatemala no ha encontrado aún a “La Presidenta”, pues todos sus jefes de Estado han sido hombres. Quien más se ha acercado a conseguirlo es la ex primera dama Sandra Torres. La sabiduría convencional dice que sus chances acabaron en agosto de 2011 con el “No” de la Corte de Constitucionalidad. Ya no contará en 2015 con el apoyo institucional del Estado y ni siquiera es la oposición oficial en el Congreso con su pequeña bancada. La segunda vuelta de 2015 –según esa misma sabiduría convencional- será entre Manuel Baldizón y Roberto Alejos, con victoria del primero.

Sandra Torres, sin embargo, no se ha dado por vencida. Bien consciente de sus debilidades, se ha lanzado a reinventar su imagen teniendo como objetivo la clase media urbana. Para ello, ha contado con la asistencia no planificada del partido Lider, quien debido a su rol autoimpuesto de oposición oficial ha acaparado –y de buen agrado- todas las tareas “feas” de hacer oposición: entrampar la agenda, procurar escándalos y, en general, ser piedra en el zapato para todo lo que haga el gobierno. Relevados de esta tarea, Torres y la UNE han contado con un buen margen de libertad para moverse al centro y presentarse creíblemente como una oposición seria y constructiva, en contraste con Lider. ¿Conseguirán su objetivo?

El camino de regreso al poder  no está exento de obstáculos. Sandra Torres deberá enfrentar los mismos fantasmas que persiguieron la carrera política de su ex esposo: una derecha paranoica que se persigna al escuchar cualquier política que empiece con “social” y una izquierda radical convencida de que no es posible realizar ningún cambio dentro del sistema. No es en vano la chapinísima división entre la izquierda política y la llamada izquierda de “los movimientos sociales”, que ve por debajo del hombro a la primera.

Sandra Torres, sin embargo, puede tomar aliento observando cuán equivocada ha estado la sabiduría convencional a la hora de predecir el voto popular. En 2007 daba por vencedor a Otto Pérez Molina. Maduro ganaría por un amplio margen en Venezuela. El PP llevaba una ventaja de 20 puntos a la UNE en 2011. Y así un largo etcétera. Los pueblos, al final, parecen rehusarse a tomar por su superior a la sabiduría convencional. Quizá entonces, no sea tan descabellada la forma en que Torres concluye una entrevista en VEA canal: “Que Baldizón siga soñando en que los votos que sacó en segunda vuelta eran suyos”.


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