Gabriela Carrera

Trabajar por la justicia

Tiene razón Margarita Cano en decir ayer lo mucho que se ha escrito sobre el juicio a los militares en estos días, y lo impactante que ha sido ver a un sistema judicial tan expuesto a la luz pública.

Las contradicciones de la institución estatal se ven reflejadas en ese edificio. Ha hecho reflexionar sobre lo que significa la justicia y si son justas las resoluciones de algunos funcionarios. Al final, la justicia estatal puede ser injusta y victimaria también: independientemente de si es legal o no, volver a pasar por el estrado para revivir lo sufrido hace algunas décadas es un error. “Las victimas vuelven a ser víctimas de nuevo, y eso es lo peor”, son golpeadas de nuevo por un Estado insensible y por los funcionarios de turno. Es cierto.

Lo legal está lejos de ser justo, y aunque hay luces de esperanza en la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia y en el Ministerio Público, me doy cuenta de lo necesario de construir los diferentes significados y espacios de justicia. La justicia de las cortes va de la mano con la “justicia social”, la justicia cotidiana de las relaciones sin racismo, machismo o clasismo se lucha a la par de la justicia económica y la pelea justa de las comunidades por decidir sobre su territorio sin miedo a ser secuestrado y vilmente desfigurado.

 La justicia no es un valor antojadizo. Parte del hecho de reconocer, y en la medida de lo posible, sentir el dolor del otro que está sufriendo. Se hace imperativo escuchar –los testimonios ixiles, por ejemplo− y entender al que se le negó un derecho. El dolor propio nos permite entender el ajeno y por lo tanto nos permite comprender el valor de la justicia. En Guatemala no es difícil encontrar esas voces: en las camionetas, mercados, aulas, en las casas. Alguien cercano, nosotros mismos.

Tampoco puedo ser ciega y ver que en mi país también hay gente que trabaja diariamente por la justicia. Por una familia en condiciones justas, por un trabajo justo, por una ciudad y sociedad justas. En el trabajo cotidiano, también se encuentra la justicia como un camino difícil de seguir en una sociedad aduladora de la corrupción, de lo malganado, de la mentira.

La justicia nos da la oportunidad de recuperarnos como país. Más importante, la justicia nos reconoce una dignidad obviada por el poder, los intereses de unos, el miedo de otros a desobedecer órdenes. La justicia, como verdad histórica, abona a un país lejano de la ficción.

Este Primero de Mayo estaremos algunos diciendo que sí trabajamos por la justicia en Guatemala y que nos solidarizamos con aquellos que concretamente buscan la justicia por la muerte de miles de personas durante los 36 años de guerra en Guatemala. La cita es a las 8:30 am. frente la Corte Suprema de Justicia, para sumarnos a la marcha de otros muchos guatemaltecos que desde hace mucho trabajan por un país mejor. Si se quiere, se puede llevar una playera en donde se haga explícito: “Yo (maestro, Mónica, estudiante) trabajo por la justicia”.


Recomendados