Pilar Crespo y Asier Andrés

Frontera

Tras un par de días pedaleando por las tierras calientes de las llanuras de Jutiapa, llegamos a Asunción Mita. El pueblo de un señor al que nunca conocimos pero del que sabemos más que algunos miembros de su familia o amigos. Cosas del periodismo. Pronto sabrán de qué les hablamos.

La carretera de entrada al pueblo es una larga recta flanqueada por ceibas, conacastes y matilisguates. La sombra es en esta zona una necesidad. Pero los árboles majestuosos de la tierra caliente apenas están presentes en los parques centrales de los pueblos y el borde las carreteras. Comenzamos a vislumbrar las montañas de El Salvador al llegar a la laguna de Atescatempa, uno de los lagos más bonitos que hemos visto en Guatemala. En San Cristóbal Frontera hay un circo y una iglesia evangélica. La entrada al circo cuesta Q10, el culto evangélico es gratuito. Hoy es un día especial porque la iglesia está recaudando fondos y el pastor predica desde una tarima en el patio de una escuela. A su alrededor hay puestos de comida, de música cristiana, un concierto. El predicador viste con un traje negro de poliéster brillante. Promete a los fieles que si emprenden un negocio tendrán éxito a pesar de que el demonio tratará de desalentarlos a través de la envidia de sus amigos. La gente escucha y levanta los brazos. La chiquillería corre y canta entre los asistentes. Todo es alegre y triste al mismo tiempo. Mañana cruzaremos nuestra primera frontera. 


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