Juan José Guerrero

Una cabeza para el postre

Llámesele como se quiera: Genocidio, masacres, crímenes de guerra o de lesa humanidad pero, lo escuchado a Hugo Reyes, va más allá de una guerra. Es el mismísimo apocalipsis.

¿Cuándo se enfermó nuestra sociedad?, ¿cuándo el mal, —en su completa acepción—, astuto y sórdido, hizo de nuestro país una jugosa presa? Leamos el texto de lo declarado:

“Su cabeza fue llevada al comedor del campamento. Y esa noche los soldados formularon una broma: su cabeza fue llevada a una mesa, la mesa donde torteaban el nixtamal las cocineras. Yo no sé, pero creo que era para que las mujeres de la cocina tomaran algún tipo de reacción. Yo estaba de servicio en la garita no. 1 esa noche y cuando fui a buscar café me topé con la cabeza de la anciana”.

Se refiere el testigo —en el juicio contra Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez—, a la ejecución de una abuela octogenaria en un campamento militar de Nebaj, y la posterior profanación de su cuerpo llevando la cabeza a la cocina del reducto para asustar/intimidar a las cocineras.  

Ah, ¿puede llamársele a semejante infamia un legítimo acto de guerra? ¿Era táctica insurgente o contrainsurgente cometer tamaña alevosía? Un delito de esa dimensión, ¿puede ser considerado parte de una campaña bélica sea de acometida o defensiva? La lógica nos dice que no. La ética nos dice que no. La moral nos dice que no. Y la justicia nos dice que no. Pero los voceros del mal, enquistados en sus columnas, siguen porfiando: “En Guatemala lo que hubo fue una guerra” ¡y Sanseacabó!

Hoy, nos horrorizamos al leer o escuchar en qué consisten los ritos de iniciación en las maras. También, nos espantamos de fechorías del crimen desorganizado u organizado que van desde, repartir cabezas de hombres y mujeres por toda la Ciudad de Guatemala hasta dejar parte de los cuerpos cerca de instituciones públicas, como aviso o a título de castigo y, en medio de ese temor humanamente comprensible, pocas veces —quizá— nos hemos preguntado: ¿Dónde está la génesis de tanta abominación? Mmhh, en parte creo, la guerra interna concluida hace 15 años es su basa y polo.

Hace algunos años me escandalizó una película de Indiana Jones. En ciertas escenas, servían bushmeat, un plato ostentoso de Malasia que contiene cerebro de mono. El culmen del horror consiste en la manera de obtener la masa encefálica: Las mesas de banquete tienen un hoyo por donde asoma la cabeza del primate —vivito y coleando— y los comensales, con martillos especiales, rompen el cráneo del homínido al cual, ya inconsciente, el mesero le corta el cuero cabelludo y extrae luego el encéfalo que es almorzado crudo por los convidados. Suponen allá que de esa manera absorben la sabiduría del mono.

En la narración, el testigo Hugo Reyes menciona a Los tres monitos que no son animalitos para preparar bushmeat precisamente sino el nombre de una cantina donde los sicarios bebían y ya ebrios, “se iban a celebrar y mataban gente” (sic). Es decir, la fantasiosa película de Indiana Jones quedó como una babucha  a la par de esa realidad nuestra: Palpable, tangible, cruel e ingratamente real porque, en esa ocasión, llevaron a la mesa la cabeza no de un primate sino la de una anciana asesinada a fin de infundir miedo y autoridad. ¡Vaya gloria de guerra esa!

Pero la enfermedad sigue. La patología de esos desalmados continúa vigente. Para muestra, lo enunciado por un columnista de elPeriódico el día 13 de abril en cuanto si hubo o no genocidio: “Para asegurar que en Guatemala hubo genocidio hay que ser muy torpe o comunista; terrorista, tonto útil, estar pagado o ser muy ignorante”.

Y no, yo no soy ni he sido torpe, comunista, terrorista ni tonto útil. Menos, un monigote pagado o ignorante. Lo que sí puedo entrever es que algunos de ellos no son más que voceros quienes, cual muñecos de ventrílocuo, hablan con voz de payaso cuando sus amos aprietan sus costillas.  

La idea de una cabeza humana para el postre o el café a fin de bromear o infundir miedo, solamente cabe en la mente de un loco o un endemoniado. Y opinar acerca de ello no significa ser comunista o terrorista.

¿Qué importa entonces si fue o no genocidio? ¿Podría alguien dar nombre a semejante felonía? ¡Vaya usted a saber! 


Recomendados