María Isabel Carrascosa Coll

Montesquieu 3.0

Montesquieu estableció que en cualquier estado democrático, era imperativa la división de los poderes.

Según los constituyentes de Filadelfia, el error fundamental de la teoría de Montesquieu fue que no previó que el poder legislativo iba a tener más poder que los otros organismos del Estado. La versión 2.0 de la división de poderes es la teoría de los frenos y contrapesos, ésta nace en Estados Unidos.  Es a partir de esta crítica que se establece la necesidad de establecer mecanismos de bloqueo que obliguen a los actores políticos a llegar a acuerdos.

Esta versión 2.0 es la teoría que  se enseña en las aulas de derecho y política  y es la teoría que acogen la mayoría de constituciones de América Latina.  Todas estas teorías parten de que el poder absoluto corrompe, y ésta establece que una forma eficiente de limitar el poder es otorgar a los organismos mecanismos que les permitan bloquear las actividades propias de los  otros organismos. Es por eso que los diputados tienen el derecho de interpelar a los ministros; que el presidente puede vetar una ley; que los magistrados de la corte son quienes conocen del antejuicio de los diputados; que el congreso aprueba los presupuestos, etc.

La Constitución del 85, la vigente,  otorgó al Organismo Legislativo más poder debido a la trayectoria de dictadores que el país había heredado y el miedo a los abusos propios del Ejecutivo en estas tierras. Hoy, casi 28 años más tarde, el modelo caducó. Lo importante es encontrar las razones por las cuales el sistema necesita overhaul  y evitar desastres institucionales. 

Al decir desastres institucionales, me refiero al grave error que la mayor parte de organizaciones representativas de la sociedad civil están clamando, que son: 1)  considerar que la interpelación es una herramienta maligna, y 2) creer que la calidad de trabajo del Congreso se mide por la cantidad de leyes que emiten.  Esto nos puede llevar, en un corto plazo, a un grave retroceso, ya que en lugar de trabajar sobre lo que ya tenemos, que es un sistema de frenos y contrapesos con deficiencias, a un sistema en el que el Ejecutivo tiene el poder absoluto sin controles.

Quienes de alguna u otra forma tenemos opinión pública o nos dedicamos al estudio de estos temas, debemos trabajar sobre los defectos de la teoría de frenos y contrapesos aplicada en nuestro sistema, y encontrar de esta manera cómo evolucionar y no retroceder el desarrollo de nuestras instituciones. De lo contrario, la solución es tirar todo a la basura y ver qué nuevo se le ocurre al dictador de turno.


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