Virgilio Álvarez Aragón

Pepenando

Nuestro flamante Presidente realiza su décimo tercer viaje con la investidura presidencial. Por suerte lo hace de avión –me imagino que en el de alguno de sus amigos empresarios que tienen residencia aquí y allá– y no en un helicóptero sospechoso.

Claro, él, como su anfitrión cazador de elefantes, están más allá del bien y el mal y no les preocupan esas cosas menudas, ni se cuidan de las formas. Al fin de cuentas, como muy “educadamente” le dice Armando de la Torre (elPeriódico 14/02) “No es un estadista. Para ello le faltan los amplios horizontes de una buena formación humanista estratégica. No conoce lo esencial de un Estado de Derecho (…). Tampoco sabe lo suficiente de microeconomía. Ni ha sabido rodearse de buenos asesores”.

Pero allí está él, y esto no es una ironía como la de la vez anterior, haciéndose acompañar, además del ministro de Relaciones Exteriores, de los ministros de Economía, de la Defensa y de Energía y Minas, para ir a proponer negocios y hacer propuestas políticas a los españoles. Uno habría imaginado que siendo un “predicador” de la lucha contra el hambre y la pobreza, con Bonos y Bolsas Seguras, quienes deberían haber ido a conseguir aliados serían sus ministros de Desarrollo y Seguridad Alimentaria, especialmente porque aquellos dicen llamarse “populares”.

Sin embargo, si pensamos que sus protegidas han sido las empresas mineras, bien vale suponer que a sus amigos les interesa más saber como conseguir algún mineral de manera barata por acá, ya que el ejército estaría listo para matar al que se oponga, como ya lo hizo en la Cumbre de Alaska. Los de aquí bien que les pueden enseñar como reprimir al movimiento social y tal vez por ello viajó el ministro de la Defensa, quien quita y consiguen una consultoría.

En todas partes se sabe que el gobierno español no pasa por su mejor momento, no tanto porque la tasa de empleo ha caído a sus niveles más bajos y el suicidio de ciudadanos que están siendo desahuciados y echados fuera es mayúsculo, sino porque las salpicaduras de corrupción tiene al jefe del gobierno español con la camisa levantada.

Su tesorero, ya acusado por negocios turbios en 2010, resultó con una cuenta en un banco suizo en la que ha “legalizado” la modesta cantidad de 22 millones de euros, y en los papeles confiscados se muestra que ha repartido regalos y sobresueldos a toda la plana mayor del Partido Popular. Evidentemente, eso de la corrupción al visitante poco puede preocuparle, pues él acá ha dejado a sus amigos hacer y deshacer con los fondos públicos, por lo que bien podrá compartir con su colega español los mejores consejos para el lavado de activos.

El embajador de los españoles, más el embajador de un partido que de un Estado, ha dejado claro que las coincidencias ideológicas entre los PP de allá y de acá son muchas, por lo que ya podemos esperar que los ministros de la Defensa y Minas le traigan a la de Educación una copia de la Reforma Educativa del ministro Wert y así se acabe de una vez con el apoyo a la USAC y se imponga el castellano como único idioma, estimulando a granel la privatización de la enseñanza.

Sin embargo, tal vez porque los españoles están metidos en sus propias complicaciones, la visita de Estado no dio lugar a ninguna nota periodística importante en los medios de mayor circulación española, quedando relegada a nota interior en el periódico claramente identificado con el PP (ABC) y algunas más en diarios digitales. Todo parece indicar que es dificil que la cooperación española aumente recursos, y si bien ya se han reducido sustancialmente los apoyos a la sociedad civil, es de esperar que con los controles democráticos que allá sí existen, se impida que la industria militar consiga apoyos españoles para sus oscuros negocios.


Recomendados