Las pancartas tapizaban las paredes y en las afueras del centro de convenciones habían personas repartiendo folletos y ondeando banderines.
Como comenté en mi entrada anterior, yo no tenía muchas opciones para elegir, ninguna de las planillas se dedicó a generar contenido que permitiera que el votante pudiera escoger la mejor opción en base a sus programas o a sus hojas de vida. A eso le tuve que sumar que por la brecha generacional me era sumamente difícil conocer a quienes se postulaban, con las claras excepciones de quienes aunque son de generaciones anteriores se han ganado la mala fama que hoy tienen. Ante esta situación tenía dos opciones o no participar o votar en contra de ciertas planillas. Decidí ir a votar en contra.
Mi ánimo no era el mejor porque la poca representatividad del colegio, la obligatoriedad de la colegiación, el monopolio, la corrupción y el tráfico de influencias que ahí se juegan me dejan con pocas fuerzas para seguir ejerciendo derecho en este país. Sin embargo, al entrar al centro de convenciones y pasar por la fila de candidatos hombres, en su mayoría, saludando a los votantes acompañados de edecanes vestidas de forma provocativa, me sentí sumamente avergonzada de la sociedad a la cual pertenezco.
Muchos pensarán que soy una feminista trasnochada porque pensar que usar a la mujer como objeto sexual es degradante y negativo para una sociedad, ya pasó de moda, seguramente son pensamientos radicales que no nos llevan a nada. Pero yo creo que es un escándalo. La función principal de este trabajo es vestirse de forma seductora y alentar a los votantes a elegir a la planilla que ellas representan. Es evidente que las planillas invirtieron pensando especificamente en su mercado masculino y no en el femenino.
Ninguna de las planillas era liderada por mujeres, la participación de las féminas en las planillas no era representativa, lo anterior no se arregla hasta que las mujeres decidan tomar papeles importantes, no creo que sea culpa de los hombres, y tampoco creo que sea necesario pelear por tener espacios desginados y obligatorios. La cuota de poder la podemos ganar de una forma distinta y es hora de que lo hagamos.
También es hora de que las mujeres exijamos y corrijamos este tipo de relación que permite que en una elección tan seria como debería de ser la de Junta Directiva y Tribunal de Honor del Colegio de Abogados se preste a este tipo de escándalo. Es por eso que, por este medio, le exijo a quienes ahora estarán peleando en segunda vuelta la elección que se abstengan de contratar edecanes y en cambio propongan ideas. Que inviertan sus recursos en convencernos de sus proyectos, de las propuestas que tienen para hacer del Colegio de Abogados una institución y no un simple botín.









