Si bien ese modelo no es nuevo y se ha recrudecido con el desfile de diversas expresiones de tensionamientos, ahora estamos ante un replanteamiento de las posiciones de los sectores de interés, que está tras una mejor capitalización política.
El 2012 se vio como un momento de experimentación, de dejar hacer con cierto margen de maniobra para quienes ejercen el poder formal; pero ante los magros resultados, corresponde cerrar filas. Eso no es todo, la carencia de argumentos para debatir y confrontar lo que se estima opuesto, ha dado como resultado que la única vía sea el desgaste y la descalificación. Que si los movimientos son instrumentalizados desde fuerzas externas, que las organizaciones sociales carecen de base social, que sus planteamientos son “ideológicos”, que si se está en contra de cierto modelo de desarrollo, que todo apunta al retroceso, que los planteamientos con fundamento histórico no tienen cabida. En resumen, el menú de las respuestas es absolutista y homogenizante. Lo precario del asunto está en que precisamente quienes rechazan, no tienen más que decir. Exigen lo que no pueden dar.
La tendencia a invalidar contagia, confunde, es malintencionada y parcializada. Claramente abona en contradicciones profundas, anima a más polarizaciones y termina siendo el germen para potenciar lo que dice rechazar. Así de estrecha es la mentalidad de quienes apuestan por esas visiones que hoy dominan diversos escenarios, incluso a tal nivel que impregnaron el discurso presidencial del primer año de gobierno.
El 2013 apunta hacia mayores complicaciones en la agenda nacional, que pondrán a prueba a los sectores de oposición; llamados a diseñar propuestas políticas inteligentes, donde las movilizaciones no sean la única forma de actuación política; dando paso a proyectos políticos amplios, incluyentes y no polarizantes, muchas veces también carentes de argumentos que viabilicen opciones. Oponerse sólo porque no, termina siendo una ruta que lleva inexorablemente al punto de partida, a manera de una espiral provocadora de aparentes respuestas emotivas.









