Su acierto más importante fue mantener a Claudia Paz como Fiscal General y colocar a un ministro de Gobernación decente, Mauricio López Bonilla, para que hicieran mancuerna. El resultado fue otro año más de coordinación y de reducción de homicidios. Ha bajado 30 por ciento desde 2009 –aunque los medios lo oculten–, salimos del top 10 más violento del mundo y este año, según el cálculo de CA-BI con base en estadísticas nacionales, se salvaron 700 vidas.
Otro acierto fue la aprobación de la reformita fiscal, que grava a los que estamos entre el 10 y el 2 por ciento que más gana, pero deja al 1 por ciento, que se queda con más del 40 por ciento de lo que produce el país, dando limosna a la res publica. No terminó con el secreto bancario para la SAT y los que financian campañas siguen viéndonos las caras al pagar menos del 1 por ciento de sus ingresos como personas y como accionistas.
El tercer acierto fue lanzar la propuesta seria de regular las drogas, que probablemente acabará con la prohibición mundial en esta década. Fernando Carrera, antes de Segeplan y Canciller desde hoy, es el artífice. Pérez y Baldetti han acertado al ficharlo como ministro. Digo Pérez y Baldetti porque no suscribo esa tesis de que “todo lo malo del gobierno es culpa de la Vice y todo lo bueno es culpa del Presi”. Ambos son responsables.
Los desaciertos son “cantidá”. Pero resumo dos: el pago de la multimillonaria campaña electoral y la intervención en la conflictividad social desde la represión. 1) La cesión gratuita de todos los espacios de frecuencias radioeléctricas sin subastarlas ni cobrarles impuestos es un descaro. Como es descaro que Comunicaciones en todo el año sólo haya hecho seis licitaciones en Guatecompras. O que el gobierno le siga dando el contrato de medicinas a empresas “del corrupto de Gustavo Alejos”, según palabras de Baldetti en el programa de Quique Godoy; pero Alejos, aunque el Presidente lo niegue, es su aliado estrella en el Congreso. 2) La forma en la que el Gobierno se comió el discurso de “terroristas” contra quienes protestan contra el modelo extractivo que perpetúa la pobreza, permeó el ambiente para la masacre de Totonicapán, y nos llevará al despeñadero.
Tic, tac, tic, tac: 30 semanas para cambiar el rumbo, o por lo menos, algo.









