Álvaro Castellanos

Lectura a dos tiempos

No cabe duda. Uno siempre tiene gente a quien admirar. Algo tan necesario, en épocas de desasosiego.

Leí hace unas semanas, una historia desgarradora en el diario La Hora. Tan desgarradora, que por eso, tuve que leerla a dos tiempos. No pude de un tirón.  Esta historia es la de una madre, hija y nieta argentinas. Pero es el patrón que se repite miles de veces en Latinoamérica, y en general, en los países subdesarrollados. Son los lugares favoritos de los traficantes de seres humanos y explotadores sexuales. La madre, Susana Trimarco, buscando incesantemente y desde el 2002 a su hija, María de los Ángeles Verón, se ha compenetrado en el tenebroso mundo de los prostíbulos y otros antros dominados por los traficantes. En ese proceso, muchas veces acompañada de su nieta Micaela, quien no conoce a su desaparecida madre, se ha convertido en un estandarte de la lucha contra la trata y la explotación sexual, pues aunque María de los Ángeles sigue sin aparecer, en el proceso tortuoso que ha emprendido, Susana ha rescatado a cientos de otras mujeres y niñas prostituidas.

Según datos de  Deutsche Welle, el negocio de la trata mueve más de 32,000 millones de dólares por año en el mundo. Y según la Organización Internacional del Trabajo –OIT–, más de 12.3 millones de personas sufren situaciones similares a la esclavitud. La mayor parte de las víctimas son niñas, niños y mujeres. Entre el 10 y el 30% de mujeres víctimas de la trata, son menores de edad. En América Latina, dos millones de niñas, niños y adolescentes son víctimas de este flagelo del siglo XXI. Es una de las actividades ilegales más lucrativas, después del tráfico de drogas y de armas. La trata de personas tiene como fin varias formas de explotación: la prostitución, otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud u otras formas analógicas a la esclavitud, la servidumbre y la extracción de órganos.

Es impensable, en una mente sana, que exista comercio de personas o sus órganos, pero existe. Es un delito de lesa humanidad que demuestra cuán perversos podemos llegar a ser los seres humanos. Lo que más me perturba de todo esto, mucho más que pensar en el sufrimiento de miles de víctimas de la trata, es en el hecho que haya “oferta y demanda” de personas con fines de explotación. Si hay tantas niñas víctimas de prostitución forzada, quiere decir que hay miles de pedófilos y pederastas. Es decir, miles de enfermos mentales. Me perturba sobremanera también pensar que alguien pueda ver “un mercado” o “nicho de oportunidad” en los deseos de gente perversa. Los traficantes de seres humanos son la escoria más grande de todos los traficantes. No hay nada peor.  

Pero volviendo a Susana Trimarco, quien por su lucha contra la trata ha sido ya reconocida tanto dentro como fuera de Argentina, ella no está dispuesta a  bajar los brazos. No descansa. Su lucha se ha convertido en un movimiento. Más de 900 mujeres han sido liberadas de la neo-esclavitud desde que ella, hace 10 años, inició su búsqueda, abandonando así su vida normal. Años de inmersión en el decadente mundo delictivo. “Una vida muy triste la que llevamos ahora porque vivo para esto. No tengo otra vida”, declaró Trimarco, de 58 años, a la Associated Press. Pero está a punto de lograr una victoria más: el martes 18 de diciembre, se dictará sentencia en un proceso en contra de 13 personas, 7 hombres y 6 mujeres, acusados de la explotación y desaparición de su hija. Sin embargo, insiste, no bajará los brazos hasta encontrarla. Viva o muerta. Susana Trimarco es una mujer ejemplar. Sinceramente, quisiera conocerla. Quisiera que me contara cómo puede ser tan fuerte, tan valiente, tan consecuente. Y quisiera que la vida no siguiera siendo tan dura para ella y su familia. Siento pena. Pero por encima de todo, siento rabia. Angustia. Y lo decía al inicio: todo esto es desgarrador.  


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