Gabriela Carrera

Canto General

En mis años de más tierna infancia, mis padres y hermanos escuchaban Canto General, no escuchábamos ni radio ni la música comercial de moda.

Eran los acetatos de Mercedes Sosa, de Facundo Cabral y “Miguitas de ternura” de Alberto Cortéz o “Pedro Navaja” de Rubén Blades los que acompañaban los domingos de familia. Recuerdo un cassette de Canto General que mi papá me ponía para dormir, cuando los cuentos se hacían cortos. Aunque  me aprendía muchas canciones, las de Canto General hablaban de mi país, cantaban de lo que yo vivía y conocía. En otras palabras eran mis canciones favoritas.

Para la generación de mis padres, Canto General era sinónimo de poemas musicalizados, era la voz de la nueva canción guatemalteca. En el país, Canto General fue, junto con otros, los que movilizaban las notas para transformar las conciencias. Aún hoy, los hijos de aquellos que en los años ochenta cantaban a todo pulmón “El zopilote caquero”, nos dejamos emocionar al saber que se reúnen de nuevo. No es solo cuestión de nostalgia infantil, es también encontrar letras y ritmos que siguen teniendo la vigencia del ayer y que a más de dos décadas nos cuestionan sobre nuestro presente y la historia que corrió entre aquellos años y hoy.

El miércoles pasado fuimos con Jaime a escucharlos al Conservatorio, en el Centro Histórico. Aunque solo se llenó la parte de abajo del lugar, había un sentimiento compartido de alegría de reencontrarse con los músicos que significaron tanto para una generación y sus hijos. Al ser de nuevo Canto General, abrieron el espacio para que muchos otros también lo fueran, en un país donde muchos necesitamos del arte para decir, para demostrar lo que llevamos adentro, para criticar, para pensar en sociedades mejores.

No me queda la menor duda, cuando veo a hombres maduros emocionados y a mujeres adultas pedir otra canción, que la música y el arte es imprescindible para ser sociedades plenas que no pierden la esperanza. Definitivamente escuchar a Canto General, junto a Chamalé, Fernando López y el Coro Nacional, fue una experiencia que me subió los ánimos y que me reafirma que si algo existe entre las generaciones pasadas y las que venimos detrás es que hubo quién, desde diferentes frentes, lucharon por ver una Guatemala muy distinta a la que tenemos hoy. Es también, y confío así, un canto general y constante frente a los problemas que nos siguen oprimiendo día a día, como es también la posibilidad de encontrarnos en los grandes poetas como Otto René Castillo y Humberto Ak’abal’ y hacer de sus poemas y de su música una manera de decir juntos lo que seguimos pensando. Una manera muy genuina de encontrar con “los de antes” los puntos en común que no siempre son tan obvios.

Comparto con Fernando Ramos que decía en una columna que me enviaron: “Canto General vuelve de la vida con el jornal ganado y es el caso de hablar de su regreso”


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