Esta opinión va dirigida a la lógica de un hombre (una marca y una manera de hacer publicidad) que decide quién debe ser el ejemplo de guatemalteco a seguir y que se vale de la vida de otros para saludar en un fashion show con sombrero ajeno.
Saúl E. Méndez nos sorprende otra vez. El joven empresario guatemalteco, el que a los ojos de muchos es quien ha logrado enaltecer “nuestra cultura” hasta el nivel de la haute couture, se ha tomado el tiempo en su cargada agenda para escoger, espulgar y por fin, reconocer entre la sociedad guatemalteca a los diez elegidos como caballeros del año. Un hombre de éxito sabe identificar el éxito, ¿por qué no hacerlo público y de paso aprovechar para invitar a tomar una tacita de café o pasar por su tienda?
Pero claro, no puede ser nadie más: es Saúl el que tiene solvencia moral. Recordemos que hace años su proyecto parafernálico de nombre “GuateÁmala” en la Plazuela España no fue más que el gran inicio de una campaña publicitaria feroz que lo llevó al estrellato en un país de desigualdades profundas y poco superficiales. Luego le siguieron las vallas a la manera sofisticada de trípticos –los recursos artísticos también se valen, mientras vendan–, los modelos nacionales (pero canchitos y pecosos, sin ofender), las pasarelas acondicionadoras de avenidas antes populares arregladas específicamente para el espectáculo, la novedosa idea de los mercados imitación de las decenas que existen en la ciudad, pero limpios para los ricos se animen a conocer lo que este país produce. Además, él apoya las iniciativas de otros que como él comienzan con negocios modestos, por ejemplo aquel restaurante cercano al suyo que vende otras opciones de crêpes dulces y que gracias a él debió cambiar de proveedor de algunos artículos.
¡Oh Saúl! ¡El bueno, el magnánimo, poderoso! Pero aquí entre nos, esta vez el tacto multicultural, la perspectiva de género y la dimensión territorial también fallaron un poquito. Son diez hombres porque las mujeres no cabemos en ese conteo, no estamos a la altura, no somos dignas; son en su mayoría capitalinos porque los indios y los campesinos de este país sirven para negar el derecho a la libre locomoción y punto; y esto de lo cultural es solo para los trajes y arreglitos de las mesas, pero no más. Aunque no quisiera que se me malentendiera, lo que aquí es importante, en un país donde nadie dice cosas positivas, es la iniciativa del señor Saúl E. Méndez.
¿Quién es Saúl E. Méndez para no reconocer en otros miles de guatemaltecos a los personajes diarios de este año? ¿Quién es Saúl E. Méndez para decidir quién merece ser premiado por su labor en o por Guatemala? En un país en donde las injusticias están al orden del día, en donde la violencia de todo tipo hace conteos más importantes, no es posible que no se tenga como ejemplos a otros miles de guatemaltecos, que como los diez escogidos, dan todo por sobrevivir en una sociedad que le da puertazos a sus demandas y sus necesidades básicas, que los utiliza como mercancía o atracción turística, que vende como artículo exótico su pobreza y su desventura.









