Un lado de mi mente se llenó de preguntas acerca del hecho: ¿sería realmente un “incidente”? ¿Será verdad que esa policía, tan profesional y entrenada como se dice, se confundió y pensó que eran narcotraficantes? ¿Es esta acción parte de estrategias de “seguridad” que el vecino país está implementando? ¿Qué dicen nuestros países al respecto?
El otro lado de mi mente pensaba en paralelo en la historia humana detrás de la nota: Marcos Antonio Castro y Leonardo Coj posiblemente serían dos de ese casi millón y medio de guatemaltecos que marchan al norte a falta de oportunidades en el sur. Dejan todo, pasan de todo y se arriesgan a todo. Para que al final, en la palangana de ese picop, su vida valga nada.
Y es que nadie dijo nada, hasta que un grupo de activistas en el vecino país, exigió información y justicia. El ministro de Relaciones Exteriores Caballeros dio declaraciones reactivas luego que la noticia surgiera en los medios. Declaró que se está solicitando reportes al vecino país y que los siete sobrevivientes no sean deportados. Es todo lo que pide. Es lo que ameritan dos vidas perdidas.
El canciller Caballeros dice que se pedirá condiciones especiales a los inmigrantes sobrevivientes como “víctimas de violencia”. ¿Qué violencia? ¿La violencia pasiva que seguramente vivieron en Guatemala al ser excluidos de educación, salud, trabajo y oportunidades? ¿Nosotros también vamos a resarcirlos entonces? O es acaso la violencia activa a la que se exponen en ese país a donde emigran, en el que son constantemente amenazados de ser deportados; donde les aterra llenar un formulario de supermercado para no ser identificados; donde viven con la psicosis de ser detenidos en la calle por su aspecto porque pueden pedirles papeles. Y ahora, con el riesgo de ser baleados en la palangana de un picop, confundidos por narcotraficantes.
De este lado de la frontera, no se hace nada por ayudar. Del otro lado, el panorama tampoco pinta diferente. Las elecciones en el país que alberga casi diez por ciento de la población guatemalteca se realizarán el día de hoy y no se vislumbra cambios de fondo en la política migratoria. Y ojalá me equivoque, pero entre el candidato de un partido que promovió las iniciativas más xenofóbicas en los últimos años y el del otro partido que si bien no atacó tampoco ayudó contundentemente a mover la reforma migratoria ofrecida, no se ve un escenario muy halagador.
Ni en el norte ni en el sur. No se les ofrece, no se les cumple, no se les soluciona. Total, es la vida de los sin oportunidad, sin derechos, sin papeles ni identidad. Los nadies, como los describiría una gran pluma latinoamericana. Los nadies que aunque olvidados, desprotegidos o asesinados están aquí y ahí. Aunque los alguienes no lo vean o no lo quieran.









