El debilitamiento y la poca institucionalidad del Congreso nos hacen ignorar lo que está pasando ahí. La reciente elección de la Junta Directiva y su función no la conocemos y poco nos importa, aunque debería.
La Junta Directiva del Congreso es quien tiene que llevar el orden en las sesiones del Pleno, cuestión en la que esta última Junta Directiva falló de forma rotunda; el desorden y los trancazos imperaron en el Pleno. También tiene una función en la que pocos profundizan, que consiste en velar por la eficiencia en la administración del Organismo Legislativo. Esto implica, entre otras cosas, calidad del gasto y rendición de cuentas. Si yo pudiera calificar a la Junta Directiva pasada en este tema diría que perdió, para probarlo solo hay que ver en qué se gastaron los miembros de la misma el presupuesto. Otra función, que a mi parecer ha sido mal entendida es la de proponer a la Junta de Jefes de Bloque los proyectos de órdenes del día o la agenda de las sesiones. Esto no quiere decir que el Presidente del Congreso sea quien establezca la agenda, pero sí requiere de una persona que sea líder y que logre consensos. A mi parecer, el actual Presidente también reprobó en esta.
El Congreso en la actualidad está sumamente fragmentado, 17 partidos políticos y tránsfugas a más no poder hacen carísimo y muy difícil el acuerdo en temas que son importantes para el país como la Ley Anticorrupción y las otras iniciativas contenidas en el Paquete de Transparencia. En términos de la teoría de intereses públicos (también conocida como Public Choice) el Congreso es ineficiente porque arribar a consensos es sumamente caro cuando los intereses son tan dispersos.
El panorama está sumamente difícil para la nueva Junta Directiva. Esta deberá mantener esa división de poderes intacta si quiere que el Congreso sea un órgano independiente. Lo cual pareciera será todo un reto por la forma en que fue electa. Además, debe ordenar la casa y hacer efectivo el principio de orden, que los diputados no parecen conocer. Todo esto lo lograrán si tienen la capacidad de cabildeo interno suficiente para llegar a acuerdos. Ojalá que así sea, ya que además de cambiarle el rumbo a este órgano le devolvería a la población la credibilidad en esta institución.









