El subversivo ha tenido muchos nombres: hereje, comunista, guerrillero, terrorista. En Guatemala no es difícil ser subversivo, sino todo lo contrario.
Es acá en donde el orden es la corrupción de todos y cada uno de los gobiernos que han pasado por un 14 de enero. Aquí el orden es la violencia política de todos los días sin que nadie nos libre, violencia tan interiorizada como mecanismo vital que somos víctimas y victimarios, por decreto. El orden en el que vivimos nos obliga a la indiferencia y a la vergüenza de por vida y de por muerte. El orden en Guatemala es el monstruo de democracia que parimos día con día: hoy siete muertos, pero no se aflija que no es alerta en un país donde mueren diariamente el doble. Orden de pobreza y de muertos de hambre. Orden de desigualdad y de gente con penosos aires de superioridad. El orden de hoy no permite el consenso, tampoco el diálogo como primeros pasos, aunque queramos. Acá palo y bala para el desayuno, mentiras para almuerzo y mucho miedo para ir a dormir.
Definitivamente es necesario subvertir. En la historia se necesitan sujetos para subvertir y no hay por lo tanto problema en que se llamen subversivos. Si el orden que nos representaba por elección y sus partidos políticos nos dan la espalda y se asientan cómoda e impunemente como compañeros de un Estado bajísimo y su gobierno de turno, y no como oposición real, no hay porque seguir creyendo en este orden. Entiendo que muchos hayan dado su vida por la democracia, pero no creo que haya sido por el Estado y la sociedad que somos hoy. Dudo también que la izquierda de la que se sentían parte, sea la de hoy. Ya no necesitamos, –y lo digo con todo respeto a las luchas con sentido y comprometidas, genuinas– del mismo discurso y de las mismas voces solas, de las mismas maneras de mostrar nuestra indignación. El orden ya lo tiene contemplarlo, el gobierno y el CACIF ya lo tienen contemplado. La responsabilidad de mi generación es abrir la puerta a formas diferentes de cuestionar nuestro sistema y régimen políticos, y a comenzar a articular. Nuestra responsabilidad es ser subversivos de nuestra época, a nuestra manera. Pluralizar las voces de subversivos que desean ser ciudadanos de un Estado diferente, que se desean presidentes con honor de verdad, ministros que sepan dar la cara y defender realmente a su país y no un proyecto, no un ejercito. Un ciudadano de un Estado diferente que aunque no vea un país respetable luche en todo momento por una política diferente.
Guatemala, el país síntesis de los problemas de toda una época no puede tener miedo de su humanidad. No puede dejar pasar.









