Otra maestra, menos ensimismada y hasta la coronilla con los alumnos decide hacerlo público. Convoca a una reunión con los estudiantes y sus padres. Vuelca la acumulación de todas las frustraciones del año escolar que está a punto de terminar.
La convoca con motivo de urgencia. Entre otras cosas les dice a los estudiantes que mejor será que entreguen la computadora. Juanito los vio y fue con ella a contarles quienes fueron. Así que será mejor que la devuelvan o los denunciará ella misma. Ella está segura que asustando a los responsables es la mejor manera de recuperar la computadora de su jefa.
Por lo menos no los desnudó como leía en estos días que hizo otra maestra. También asegura que Raquelita y Lucía deben saber. Así que es mejor que ellas hablen si quieren tener derecho a evaluaciones de fin de año. Las niñas ven a sus padres y les juran que no saben nada. Juanito y sus padres no llegaron a la reunión. ¿Qué acaso no hay protocolos? Ahora que la palabrita esa está de moda en boca de funcionarios públicos. Deberían saber que las palabras también tienen consecuencias.
En el salón solo hay murmullos, por momentos, silencio. De esos incómodos que auguran malos presagios. Como en una mala y predecible película, al fondo un par de personas escuchan y observan con particular atención. Recorren el resto de puntos de la agenda, el tema de la celebración del Día del Niño incluida, llegan a algunos acuerdos y se da por terminada la reunión. El tema de la computadora sigue pendiente.
Por la tarde la mamá de Juanito le pide que vaya a la esquina a comprar las tortillas del almuerzo. Le gusta salir y disfruta esos pequeños momentos en los que no piensa en nada más que ir corriendo, regresar saltando, tocar un timbre, tirarle una piedra al chucho que todos los días le ladra tozudamente. En esas anda, a punto de entrar a la tortillería. De pronto y luego de un sonido amplificado por las paredes de la cuadra, 9 años se van lentamente diluyendo en un pequeñísimo río de sangre que se encharca.
Dicen que las próximas son Raquelita y Lucía. Eso les llega a decir la vecina al papá de Lucía. Raquelita ya no durmió esa noche en su cama. Mientras sus padres hablan con la vecina, Lucía sigue frente al televisor viendo algo que la tiene muy entretenida.
La maestra ensimismada vuelve a repetir el consejo de los vecinos, que es mejor que se vayan les dice a los señores que llegan a reclamar la falta de criterio para tratar esos temas y a querer hablar con la otra maestra, la responsable de organizar la reunión. Pero ella no quiere atender a nadie, está muy ocupada llenando cuadros de notas con “Aprobado” y “Reprobado”. La maestra ensimismada que también ejerce de Directora sigue tratando de convencer en tono condescendiente a los padres de Lucía que deben sacarla de la colonia.
Esa tarde la vecinita de enfrente no salió a jugar con sus amigos, está preparando su ropa en la misma mochila en la que durante todo el año llevaba sus cuadernos. Por estos días, el país y en todas las escuelas públicas y privadas se celebró el Día del Niño, como todos los años. Y para estas fechas, los padres de Juanito también recuerdan: un año más que no lo tienen. La computadora jamás apareció.









