Otto Pérez se fue por una respuesta tipo Edith Piaf y aseguró no arrepentirse de nada. Roxana Baldetti en cambio, mencionó tres cosas, la destitución de Arredondo como Ministro de Salud, los nombramientos de la SAT y… que dejó de hacer ejercicio. Sonaron las risas entre el público. Personalmente, no pude evitar levantar las cejas con la respuesta de Baldetti. Solo terminó de reafirmar que para mí, la Vicepresidenta es probablemente, la decepción más grande de este gobierno.
Bajo una visión superficial, el que una mujer llegue a la Vicepresidencia de la República es un logro para todas las mujeres. Que hay mayor apertura, que hay mayor igualdad se dice. Esto está muy lejos de la realidad, sobre todo cuando las mujeres que alcanzan los altos puestos no hacen ni el más mínimo esfuerzo por garantizar esa igualdad y apertura para el resto. Me creí las fotos de campaña de Baldetti abrazando a un grupo de mujeres indígenas tanto como me creí su discurso de transparencia. Pura pose. No ha habido ninguna acción hacia la igualdad de parte de la vicepresidenta. Y en cuanto la transparencia, otra gran actuación. Estuve presente en la ronda de visitas a los ministerios que hizo el Pérez Molina y Baldetti en enero, en la primera semana de su gestión. Reunían a todos los empleados de cada ministerio en un gran salón, grandes palabras, grandes promesas. Baldetti repetía una y otra vez que se había acabado la época de dar favores, de la corrupción, del clientelismo. Instaba a ser mejores, a trabajar duro, a denunciar las malas prácticas, a ser puntuales incluso. Apenas unas semanas después estaba inmersa en un escándalo por nombramientos de personas con dudosos antecedentes en altos puestos políticos. Avanzamos más y el efecto de su Secretaría de la Transparencia se hizo sentir sobre los ministros, ya parecía la Santa Inquisición, pobre aquel que no se adecuara a las órdenes de “la jefa.” Ahora, meses después, aparecen incluso rumores de que ha agredido a alguien dándole una cachetada.
No se olvida que Baldetti se había afanado, durante su tiempo como diputada y luego durante la campaña presidencial, por señalar todos los defectos del Gobierno anterior, sobre todo contra los programas sociales y la polémica figura de la ex Primera Dama. Las acusaciones de corrupción, prepotencia y opacidad abundaron. Para estos días, ya algunos se confunden sobre si su nombre no es “Roxsandra” y las comparaciones son cada vez mayores. La vice se ha hecho la imagen de prepotente, de pasar por encima de los reglamentos para poner a sus allegados en puestos estratégicos, sin importar si son adecuados o no para ellos. También se ha dado fama por sus extravagancias, como la redecoración total de su oficina, los regalos de perfumes franceses y la compra de una lujosa lancha, entre otros. Todo mientras sigue pregonando la transparencia a diestra y siniestra. No puedo negar que en un principio le di el beneficio de la duda, pensé todavía con un poquito de optimismo que hacía bien tener a una mujer en el puesto de Vicepresidente. Vaya que he resultado impresionada, pero no del buen modo. Esta mujer tenía en sus manos la oportunidad de hacer algo realmente relevante, de trascender como figura política y lo que ha logrado es convertirse en aquello que tanto criticó y más. Algunos dirán que no ha pasado ni un año, que todavía hay tiempo pero la primera impresión es la que cuenta como dice el dicho y esta primera impresión, no es buena.









