Un par de días atrás, los medios de comunicación, cómplices de los sistemas represivos, anunciaban manifestaciones de unos (en peyorativo claro) descontentos con los recortes en España. Por supuesto, no eran unos, eran miles los que asistieron esa noche a manifestarse frente al Congreso y los cientos miles que están ya cansados de verse cada vez más sometidos ante un sistema que vulnera las conquistas sociales que se lograran años, muchos años atrás, y de las que parecen hoy día arrepentidos de haber cedido, casi sin sentirlo.
El domingo pasado veíamos con mi padre la película La voz dormida de Benito Zambrano, que contándola en dos platos, narra el fascismo, la no vida que vivió el pueblo español terminada la guerra civil. Relata la tragedia de las miles de personas que pasaron por el paredón, hombres y mujeres (allí sí sin discriminación alguna) que, o bien habían participado, o se sospechaba de su participación con los rojos. Todos eran sospechosos. Ser pobre, ser ciudadano y no ser cura, monja o estar en el ejército, ya te hacía sospechoso, claro.
Como en toda película, se exaltan ciertas particularidades de la historia. La ventaja que tengo yo, que tenemos casi todos, es que en casa, en la escuela, en la tele, España ha estado siempre presente en nuestra educación, así es que sabemos discernir o creemos saberlo. Ya elegimos bando, les podemos contar las costillas a los unos y a los otros, detectamos, si no inmediatamente cuando ciertas conductas se replican aquí, en España y hasta en Washington.
Se me eriza la piel al descubrir que este sistema nos ha embobado a todos, nos ha hecho dependientes, nos tiene con miedo. Me brinca a la vez el corazón presenciar esta nueva ola de manifestaciones que creo, pueden devolver la esperanza, pueden desembarazarnos del miedo, pueden traernos al aquí y al ahora, pueden devolvernos sin créditos ni promesas a largo plazo, a nuestra realidad.
Lo que pasó en Madrid el 25S http://www.youtube.com/watch?v=UDCRgqspmyU









