En los programas de radio, no faltó quien mencionó el famoso día. Creo que pocas profesiones se celebran tanto, pocos saben cuándo es el día del biólogo, publicista, dentista o programador.
El Colegio de Abogados no se quedó atrás, para este día tan especial que se convierte en semana, organizaron una serie de actividades. Para los abogados más sanos organizaron actividades deportivas, unas pocas actividades académicas y la famosa fiesta de gala. Pocas veces recibo papelería del Colegio, el correo electrónico al igual que la página parece funcionar solo de vez en nunca. Por lo que me sorprendí cuando vi un sobre manila del Colegio, al abrirlo, encontré una invitación de papel fino, letra de carta, tipo invitación de boda en la cual me invitaban a participar en la celebración del día de los abogados.
Alguien muy acertado me recomendó ir a la fiesta, me dijo: así se paga tu colegiatura anual. Yo me quedé pensando, que no solo pago la colegiatura sino además timbres… y a cambio no recibo nada porque ir a la fiesta no es parte de mis intereses. Ser parte del colegio de abogados para mí es un trámite más, un requisito para poder ejercer, un número, en mi caso 15,300.
Nadie está en un club en el que no recibe nada a cambio, y no me refiero únicamente a objetos materiales o a prestaciones, sino a la satisfacción, el orgullo o sentido de pertenencia de compartir con un grupo de personas intereses y valores. En todo caso, según la ley el colegio debería cumplir con sus fines que son buscar la superación moral, científica, técnica y material de la profesión universitaria y controlar el ejercicio de los abogados y notarios, cuestión que a mi parecer está lejos de cumplir.
En Guatemala, la única excepción al derecho de libre asociación es la imposición constitucional de colegiarse. Uno no escoge en qué colegio inscribirse, porque solo hay uno, esto implica que no hay competencia entre colegios y esto lo convierte en poco competitivo, no busca satisfacer intereses gremiales, ni académicos, no aplica su código de ética, parece que en lugar de velar por el crecimiento de sus profesionales y fiscalizar su actuación, es un espacio político.
En países como el nuestro, con una tradición positivista, es sumamente importante la estimativa jurídica. Esta es la capacidad de cuestionar la ley o la sentencia, implica que podamos concatenarla con la realidad social y podamos determinar si es la mejor de las resoluciones o bien si presenta deficiencias o incorrecciones. En el último caso, como juristas debemos de proponer y luchar por cambiar la norma y hacerla mejor, más eficiente, más justa.
Creo que como abogados, deberíamos de cuestionar la existencia de la colegiación obligatoria, así como cuestionar el mantener ese monopolio y también, si queremos salvar la actual institución, repensar por qué están las cosas como están en el Colegio.









