Itziar Sagone

Los tres monos sabios

Un par de días atrás, el presidente Otto Pérez y la ministra de Educación Cinthya del Águila, anunciaban las modificaciones a la carrera de magisterio.

Mismas que no sorprendieron a nadie gracias a que llevamos unos meses siendo testigos del tira y encoje que, entre otros temas, ha acarreado consigo violencia, descréditos pero sobre todo un clima en el que impera la intransigencia. En ambos discursos, en el de Pérez y del Águila, se repetía una y otra vez la idea de que no será a los estudiantes que cursan en la actualidad la carrera de magisterio ni a los ya graduados a quienes “afectarán” estas medidas, razón por la que ambos funcionarios se cuestionaban el motivo por el cual los normalistas continúan manifestándose.

¿Y vos por qué opinás, si la cosa no es con vos patojo?, suena el discurso y no es de extrañarse. Desde pequeños, los guatemaltecos hemos sido educados, no qué digo educados, no, amaestrados para obviar lo que no nos atañe directamente; hemos logrado desarrollar una impresionante capacidad de mimetizarnos en cualquiera de los tres monos sabios, según se dé el caso. Pueden estar violando a una mujer que pasamos sin ver. Suenan cachimbazos que nosotros no oímos nada. Le roban al de a la par en la camioneta que nosotros solo hablamos con Dios. Y para colmo, nuestras autoridades nos alientan a ello, a desentendernos del problema social, a no ejercer nuestros derechos como ciudadanos, a aprender a manifestarnos solo por nosotros olvidando que somos parte de un todo.

Hace unos días leía una conversación pública sostenida entre Ignacio Ramonet y el filósofo Zygmunt Bauman en el marco del Foro Social organizado en el Festival de Rototom Sunsplash en Castellón (www.rototonsunsplash.com/es) ambos coincidían en que debemos dejar de ser sujetos individuales y aislados, y convertirnos en agentes del cambio, en activistas sociales interconectados. Bauman señalaba que “Tenemos el deber de tomar el control de nuestras propias vidas. Vivimos un momento de grave incertidumbre donde el ciudadano no sabe realmente quién está al mando, y esto hace que perdamos la confianza en los políticos y en las instituciones tradicionales. El efecto en la población es una situación constante de miedo, de inseguridad. Los políticos sugestionan a los ciudadanos para que siempre tengan miedo, y así poder controlarlos, constreñir sus derechos y limitar sus libertades individuales. Estamos en un momento muy peligroso porque las consecuencias de todo esto afectan nuestra vida diaria: nos repiten que debemos tener seguridad en el trabajo, mantenerlo a pesar de las duras condiciones de empleo y de precariedad, porque así obtendremos dinero para poder gastar… El miedo es una forma de control social muy poderosa”.

Y creo que con esa reflexión me quisiera quedar, con la urgencia en que nos debemos convertir en agentes de cambio y no en un montón de parásitos obedientes que consumen y se multiplican. 


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