Por cierto, “bar” en inglés, en este contexto, significa “barra”, que curiosamente es una de las palabras con más acepciones en el DRAE –Diccionario de la Real Academia Española. Como objeto, se asocia con el mostrador de un bar y quizás por eso mi papá, no sé si medio en broma o medio en serio, dice que abogado que no echa los traguitos, no es de fiar.
Pero dejando las medio bromas a un lado, en este artículo quiero referirme a algo que me llamó muchísimo la atención en la revista mensual de la IBA, correspondiente al mes de agosto. Esta organización mundial, creada inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, que cuenta con más de 40,000 miembros y más de 200 asociaciones de abogados, acaba de suspender como miembro a la Barra de Abogados de Siria. El Consejo de la IBA, por unanimidad, decidió en junio recién pasado dicha suspensión, en virtud que la mencionada asociación de abogados de Siria no dio una respuesta satisfactoria a varios requerimientos, relacionados con el respeto y mantenimiento del Estado de Derecho en ese país del Oriente Medio.
Desde marzo de 2011, decenas de miles de personas han sido detenidas y miles han fallecido. Es un conflicto que lleva 18 meses, sin perspectivas de solución, ante la férrea intransigencia del gobierno de Bashar al Assad. Es un conflicto en pleno siglo XXI, que demuestra cómo la población civil es siempre la víctima principal de una conflagración.
Según la IBA, la asociación de abogados de Siria ha fallado conforme los Principios Básicos de las Naciones Unidas sobre el rol de los abogados, en su obligación vital de proteger a sus propios miembros contra persecuciones, restricciones y sanciones indebidas, y como consecuencia, en su fracaso por apoyar y sostener el imperio de la ley y el Estado de Derecho en ese país. Ese dictador, con carita amigable, es ya todo un criminal de guerra, pues en Siria se están dando violaciones masivas a los derechos humanos. Pero como hoy existe una Corte Penal Internacional, Bashar al Assad sabe que si pierde, salvo una solución negociada, su próximo destino debería ser la cárcel.
Ahora bien, la razón por la que esta noticia de la IBA me llamó tanto la atención, es porque, a pesar de las enormes y salvadas diferencias que hay entre Siria y Guatemala, si la IBA se decidiera cuestionar a nuestro Colegio de Abogados y Notarios por su rol en cuanto a la defensa del Estado de Derecho en nuestro país, no sé si saldría muy bien parado de dicha evaluación. Recordemos que nuestro endeble Estado está considerado como un “país en peligro” en el índice de estados fallidos de Foreign Policy, y mucho de su peligrosidad o inestabilidad pasa por la falta de cumplimiento efectivo del Derecho, y principalmente por la impunidad con la que aquí se comenten crímenes de toda especie. Así que lo que nos salva de un cuestionamiento como el de la IBA, es que ya no tengamos un conflicto armado interno, oficialmente.
Este tipo de cuestionamientos o de auditorías sociales internacionales, me recuerda a tanto informe de Relatores Especiales de las Naciones Unidas, que si fueran sentencias, seríamos uno de los países más condenados en el hemisferio boreal. Así pues, y ante las inminentes elecciones a principios del 2013 en el Colegio de Abogados y Notarios, los más de 15,000 abogados y notarios deberíamos reflexionar si no es ya, la hora definitiva de involucrarnos frontalmente en la lucha por el Derecho y la Justicia, de responderle a la sociedad guatemalteca y no seguirnos haciendo los babosos ante la rampante impunidad, que erosiona toda convicción en la necesidad de tener un Estado de Derecho real. Si los profesionales del Derecho seguimos conviviendo con este “sistema” en el que nos desenvolvemos, tarde o temprano terminaremos sin trabajo. Así de simple. ¿Cómo puede vivir decorosamente un abogado donde no hay justicia?









