Carmen Ortiz

“Echando a perder se aprende”, el caso del Ecce Homo

Hay una máxima moral que dice que no hay que burlarse de la desgracia ajena, sin embargo confieso que nada me había hecho reír tanto en los últimos días como el caso de la malograda restauración del Ecce Homo, una obra que a pesar de su modesto valor económico y artístico adquirió súbita fama mundial.

Un corresponsal de la BBC en Europa dijo que la obra de Elías García Martínez –hasta ese entonces un pintor anodino– se transformó en “el esbozo de un mono muy peludo con una túnica mal amarrada”, luego de la intervención de la bien intencionada doña Cecilia Giménez, la “restauradora”.  La colosal metida de pata hizo que el Ecce Homo fuera rebautizado irreverentemente con el nombre de Ecce Mono.

Nunca imaginó esta  octogenaria de Borja (Zaragoza, España),  que el error involuntario no sólo multiplicaría por 25 el número de visitantes al  Santuario de la Misericordia sino que la convertiría en toda una celebridad, registrada incluso, en uno de los sitios web más populares del mundo:  Wikipedia.

Si bien, la pena y la culpa la postraron en cama durante unos días, su rostro (ese sí discernible)  se muestra  alegre, satisfecho y agradecido por las muestras de solidaridad y cariño recibidas después del incidente, pero sobre todo “por haber logrado que el Santuario y Borja sean conocidos en todo el mundo gracias a ella”*.

Doña Cecilia me hizo en lo personal  un gran favor: hacerme reír hasta más no poder y reflexionar sobre el extraordinario poder que pueden tener algunas desventuras.  Aprendí por ejemplo,

  1. Que hoy en día convertirse en ícono pop es más fácil que memorizar la tabla del  uno
  2. Que los méritos para figurar en una enciclopedia virtual son extraordinariamente flexibles y hasta una colosal metida de pata puede hacernos acreedores de la codiciada membresía
  3. Que es posible fundar un nutrido club de fans a mis ochenta años en tan sólo una semana y desde la comodidad del hogar
  4. Que hay miles de formas de que “te vean la cara…”
  5. Que no siempre es malo burlarnos de la desgracia ajena, que hay “desgracias graciosas”  que nos hacen reír de forma espontánea,  incontenible y sumamente gratificante.
  6. Que una tragedia puede convertirse en gloria
  7. Que un arranque de inspiración puede ser más peligroso que un salto triple en un trapecio coreano
  8. Que el  turismo de la risa posee un potencial insospechado
  9. Que no es suficiente tener buena voluntad, iniciativa o considerarse “experto” en determinadas faenas
  10. Que es cierto que “echando a perder se aprende” pero  en muchas ocasiones no hay segundas oportunidades

Mi gratitud sincera a Doña Cecilia quien no pudo poner mejor  punto final  a esta historia cuando afirma que: “Le gustaría que la dejaran terminar su trabajo pues apenas estaba en la etapa de preparación”. ¿Manifiesto legítimo de ingenuidad  o tozudez?  En todo caso, ¿Usted qué dice? ¿La dejamos?

Y recuerde que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

*www.publinews.gt (martes 4 de septiembre 2012)


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