¿Dónde hay más desarrollo, en un país que no permite a sus ciudadanos salir de viaje o en uno en donde los ciudadanos salen porque no encuentran ninguna otra opción para ganarse la vida?¿ En dónde hay más desarrollo, en un país donde la compra y venta de armas está controlada por el Estado o en uno donde cualquiera compra libremente 6 mil municiones solo porque sí? ¿Dónde hay más desarrollo, en el país que está dentro de los “más felices del mundo” o en el que la gente se suicida durante el invierno? ¿En dónde hay más desarrollo, en un país donde la gente vive 100 años o dónde pueden manifestarse libremente?
Las comparaciones vienen porque esta semana recién pasada hice algo que tenía ganas de hacer desde hace mucho: ir a Cuba. Estuve allá solo unos días, pero la verdad es que el efecto post-viaje me va a durar por bastante más tiempo. Mis pensamientos me llevaron hacia la noción que tenemos de desarrollo y bienestar. Cuando llegamos al aeropuerto y esperábamos las maletas en medio de un calor fuertísimo, miraba sorprendida cómo llegaban cajas de televisores por las bandas transportadoras. Cajas y más cajas de televisores de pantalla plana. La explicación la encontré más tarde, platicando con unos cubanos, que me contaban que los televisores allá son demasiado caros, entonces la gente que puede viajar, eso lleva de regreso a la isla. Televisores, celulares, laptops, reproductores de música, entre otras cosas. Los revenden a quienes pueden pagarlo. Visto desde fuera, para muchos esto es un horror, un espanto, una privación de libertades aberrante. Este es el tipo de ejemplos que luego usan para decirte que Dios nos libre de los comunistas porque en Cuba la gente vive miserable, sin nada, alejados del desarrollo. Tienen unas 300 sedes universitarias, un sistema de salud gratuito excelente pero no tienen televisores de pantalla plana, ¡qué horrible! Me hizo pensar en eso de que en Guatemala ya hay más celulares que personas y no falta quien equipare eso con desarrollo y bienestar. Una afirmación tan simplista que da risa. Se mueren los niños de hambre, las escuelas se caen en pedazos ¡pero tenemos celulares! Si la cantidad de televisores y teléfonos que tiene un país fuera realmente un indicador de desarrollo, seríamos el equivalente a Noruega.
Las comparaciones anteriores no son de Cuba contra el resto del mundo, son reflexiones que hago para que consideremos de qué hablamos cuando decimos desarrollo. El pobre término ha sido tan prostituido por todos en todos lados, políticos, activistas, estudiantes, todos pecan de utilizar “el desarrollo” como bandera para un lado o para el otro. Hay quienes utilizan “desarrollo” como sinónimo de crecimiento económico, sin embargo, entre 1970 y 1980 se hizo más que evidente en el mundo que el aumento de ingresos no era necesariamente la clave para el bienestar. La desigualdad y la pobreza no desaparecían con el simple hecho de que creciera el PIB de un país o se liberalizara el mercado.
En 1990, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, definió el desarrollo como “Un proceso mediante el cual se amplían las oportunidades de los individuos, las más importantes de las cuales son una vida prolongada y saludable, acceso a la educación y el disfrute de un nivel de vida decente”. En 1999, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, explicó cómo la calidad de vida de los seres humanos no debería ser medida en términos de riqueza sino de libertad y oportunidades. Sen explica que es necesario que el “desarrollo sea visto como un proceso de expansión de las libertades reales que las personas disfrutan”. Así que pensemos antes de hablar de desarrollo, aquí o en Cuba o en la China o en Australia o en cualquier otro lado.









