Parece sencillo, pero como hemos podido ver en los últimos días no es fácil de aplicar. No me refiero exclusivamente a los enfrentamientos entre estudiantes, MINEDUC y PNC. Revise las publicaciones en redes sociales y en todos los medios digitales. Nos encanta faltarnos el respeto. Hasta somos creativos para hacerlo. Recordando anécdotas del recreo en el colegio. Nos fluye.
Le faltamos el respeto a otros y le faltamos el respeto a las autoridades pero nos enoja que nos falten el respeto a nosotros. Yo tengo libertad de expresión y puedo decir lo que se me da la gana, de la forma en que quiera y a quien quiera. Pero si me lo dicen a mi los elimino de mi twitter, facebook o si pudiera físicamente. ¿Cómo se atreven a faltarme el respeto a mí? ¿Quién se creen que son (etiquetas, etiquetas y calificativos) para escribir eso de ellos? ¿De mí?
La regla dorada dice que debemos tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran a nosotros. No dice; “Tratá a los demás como te traten a vos”. No. Así la interpretan muchos. Nos gusta atacar, insultar, criticar, denigrar, desprestigiar, etc… pero cuidadito y lo dicen de mí. Conmigo no se metan. No me miren o hablen mal porque lo considero intento de censura. Yo puedo insultar y usar mis prejuicios para decirle oligarca hijo de tantas, indio huevón, patojo marero, político de mi…, pero si me lo dicen a mí o a los “míos” se meten en problemas. Disfrutamos destruir y denigrar a otros. Nos llena. Nos permite desahogarnos.
¿Saben cuál es el problema? Que así no podemos convivir. No podemos dialogar. No se generan las condiciones para profundizar en los temas y encontrar soluciones consensuadas. Es imposible formular políticas públicas participativas que permitan plantearnos una visión de futuro basada en el bien común. El bien común es lo que a mí y a los “míos” nos beneficie ahora. Mañana ya veremos.
Las reglas básicas de convivencia no las sabemos de nacimiento. Las tenemos que aprender y depende del entorno en el que vivimos. Hay cosas y formas de tratarnos que son permitidas entre hermanos, familiares o amigos cercanos que no nos atreveríamos a hacer con algún extraño o alguien menos conocido.
Debemos respetar a los mayores, a las autoridades, a los demás y las normas. Debemos ser corteses y saludar al llegar a algún lugar. Despedirnos al salir. Guardar silencio si el lugar o el momento lo amerita. Si tomamos algo debemos devolverlo en las mismas condiciones que lo tomamos y al lugar de donde lo tomamos. Si ensuciamos algo lo limpiamos. Si botamos algo lo recogemos. Si rompemos algo lo reponemos. Si pidió prestado pague o devuelva. Sino viene a ayudar por lo menos no estorbe. Si quiere algo que no es suyo pida permiso.
Reglas básicas de convivencia que debemos aprender en casa. De nuestros papás y nosotros enseñarles a nuestros hijos. Parecen cosas muy sencillas. Pero es la base de una convivencia armónica y de lo mínimo que necesitamos para poder operar como sociedad.
No es de prédicas, discursos o señalamientos. Se trata de enseñar con el ejemplo. Demostrar con nuestra actitud nuestra altitud. Hacer el bien sin importar a quién.
Dios los bendiga y siempre les recuerdo que toda la gloria, la honra y el honor son siempre para Jesús.









