A mí me parece que es un peligro del tamaño de un templo y que el resultado de una Asamblea Nacional Constituyente tiene el riesgo de no ser una carta magna más democrática y más moderna, sino más conservadora y clientelar.
La Constitución demócrata-cristiana que tenemos es buena, aunque las dinámicas políticas la rebasaron. Necesita más flexibilidad para dar al Estado y a los partidos políticos más autonomía de la élite y de los financistas; necesita evitar que el Estado siga siendo tan clientelar, o renegociar la nación –de hecho, nuestra constitución no define a la nación guatemalteca, como tampoco lo hicieron las de la Revolución y la unionista–.
El presidente Pérez tiene el derecho de liderar un esfuerzo para reformarla y ha convocado a cinco intelectuales, un abogado y un militar, pero me parece que con los actores de ahora, con el equilibrio de fuerzas de ahora, no conseguiremos una constitución del siglo XXI, sino más bien una de la primera mitad del siglo XX. Veamos por ejemplo a su petit-comité para pensarla. ¿Alguna mujer? ¿Algún indígena? ¿Algún joven? ¿Algún maverick/disidente?
Y no quiero decir con esto que ciudadanos con las capacidades y experiencia de Oliverio García, Eduardo Stein o Fernando Carrera no deban estar presentes en los debates, pero otras voces como Carolina Escobar Sarti, Claudia Paz, Marta Casaús o Irmalicia Velásquez podrían perfectamente aportar.
Pero esperen, que eso no es el meollo. ¿Quiénes serán los encargados de aprobar la nueva constitución? ¿Diputados representantes del 1 por ciento de la élite tradicional? ¿O los representantes del otro 1 por ciento de nuevos financistas? ¿Unos constituyentes que serán en un 20 o 25 por ciento borregos de Baldizón, aquel presidenciable cuyas propuestas podrían haber quebrado al Estado o institucionalizado el clientelismo? ¿O en la bancada “disciplinada” del PP que no cuestiona nada de lo que se le dice? ¿O en los caciques clientelares rurales? ¿O los financiados por gánsters? Un botón PP-Lider: el año 2012 en el Congreso.
Si construimos un modelo en el que el 1 o 2 por ciento de los ciudadanos son los que colocan al 80 por ciento de diputados porque financian estructuras partidarias electorales, yo no quisiera abrir la caja de Pandora de una Constituyente. No tengo garantías de que mis derechos humanos y mis derechos democráticos se vayan a mantener o se vayan a profundizar. No tengo garantías de que no se regrese a un Estado más autoritario. No tengo ninguna garantía y me parece que el equilibrio de fuerzas en junio de 2012 es mucho más conservador y clientelar que en 1985.
* Artículo publicado originalmente en elPeriódico, 5 de junio









