Margarita Cano

El sistema de justicia y sus malos ejemplos

Imagínese usted la siguiente escena. Está desayunando con el periódico en mano. Llega su hijo, hija, sobrino, hermanita… y pregunta “¿Quién es ese señor?” y señala a Carlos de León Argueta en la portada.

Respuesta simplista de su parte “un señor que era del gobierno pero lo arrestaron”. “¿Por qué lo arrestaron?” “Porque se robó dinero que no era suyo”. “¿Y ahora lo mandaron a la cárcel?”. Respuesta: NO.

Así podría decirse de este y muchos más señores y señoras. Imagínese que buen ejemplo. Este hombre, esta mujer, robaron, mintieron, estafaron y ¿que les pasó? Se fueron a dormir a su casa tan tranquilos.

Siempre he creído que la base del orden y la seguridad en un país no es un ejército sino las escuelas y el sistema de justicia. La escuela, sobra y basta la explicación del porqué. El sistema de justicia es algo cuya importancia todavía no parece quedarnos claro.  Todavía no nos fijamos lo suficiente en procesos como los de la elección de magistrados, los nombramientos de jueces y las acciones de estos mismos. ¿Quiénes son? ¿Qué los hace capaces y dignos de sus puestos?

Resulta que esta vez el MP había hecho su trabajo, tenía un año de estar investigando, recabando evidencias y pruebas. Resulta que aún así, el señor queda libre y sale de los tribunales con la sonrisota de Guasón todavía en la cara. La señora jueza del caso de De León Argueta, Silvia De León Santos (tal vez deberíamos empezar con no poner a gente del mismo apellido a juzgarse entre sí…) tiene más de 40 señalamientos en su contra y era una de las personas vetadas por la CICIG.

Lamentablemente no es la única con acciones dudosas. La historia reciente de nuestro país se ha visto plagada de malos ejemplos en el sistema de justicia. Desde la señora que desde sus altas influencias tapa las andanzas de su hijo hasta personas dejadas en libertad de manera ridícula, que uno no sabe si le da rabia o mejor le da risa la cuestión. Lo peor es que los exfuncionarios son de los protagonistas estelares más recurrentes de estos cuentos. ¿Quién no recuerda el caso de los Q82 millones o el de Portillo y su millón de fianza? Pareciera que ya llevan el dinero en la guantera del carro, listos para sacarlo en el momento en que el juez dicta su sentencia.

Se ha llegado al punto en que la mejor esperanza de que alguien cumpla una condena es que sea extraditado a Estados Unidos. Estamos dando el ejemplo de que no somos capaces de enjuiciar a alguien por sus malas acciones. Estamos dando el ejemplo de que la justicia se compra, que quien se porta más “vivo” y tiene más “amigos” sale ganando, a pesar de todo.

A la señora De León se le removió de su puesto y está asignada ahora como juzgadora suplente, pero para que se haga una verdadera fiscalización y depuración del sistema judicial, todavía falta mucho. Se nos va la atención en el show político que los otros dos poderes del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo, montan cada día y se nos olvida la relevancia del Judicial. Quienes trabajan en este organismo también se deben al pueblo y deben rendir cuentas de manera acorde. El día que se empiecen a juzgar a los juzgadores señalados, podremos decir que hemos dado un gran paso alejándonos de los malos ejemplos. 


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