Roberto Wagner

Malos ejemplos

¿Qué cambio podemos esperar si las partes relevantes en la administración de la “cosa pública” nos dan un mal ejemplo? Pregunto porque siendo este el “gobierno del cambio” los esfuerzos del mismo parecen orientarse a mantener el status quo.

Claro, no se puede pedir mucho después de cuatro meses, pero al menos me gustaría ver que ciertas intenciones por lograr un cambio positivo, se materialicen en acciones. Pido entonces, como mínimo, que nuestros gobernantes de turno practiquen lo que tanto predicaron como oposición y durante la campaña política. ¿Qué incentivo puede tener el ciudadano común de respetar normas y leyes si los primeros en incumplirlas son aquellos cuyo trabajo es precisamente cumplirlas? Y peor aún, que han ofrecido ante Dios, ante la Constitución y ante el pueblo hacerlo. Para muestra tres botones:

Conforme escribo estas líneas, la Comisión de Derechos Humanos del Congreso declaró sin lugar la impugnación al Licenciado Jorge de León, uno de los tres candidatos para ser el nuevo Procurador de Derechos Humanos. Esto a pesar de ser diputado electo por el partido CREO y contar con el apoyo del Presidente OPM y del Partido Patriota. Aparte de la maña (porque eso es) de los diputados de dejar su curul, para la que fueron popularmente electos, no entiendo cómo sería independiente la gestión del Licenciado de León si pertenece a un partido y su nominación es el resultado de una negociación política con el oficialismo.

Luego tenemos el caso del recién nombrado Ministro de Salud, Jorge Villavicencio, quien fue designado sin contar con el finiquito de la Contraloría General de Cuentas. El finiquito así como las declaraciones de probidad constituyen pequeñas pero importantes herramientas sobre la honorabilidad de los funcionarios al igual que pueden ser instrumentos útiles para prevenir acciones como el enriquecimiento ilícito. Pero al parecer este parece ser un detalle minúsculo para el gobierno, una mera formalidad que no riñe con la transparencia ni con la lucha a la corrupción. ¡Bonito el cambio!

Por último tenemos el caso de nuestra flamante Vicepresidenta Roxana Baldetti, la dama de hierro le dicen por ahí, Roxandra por allá. Se enoja por la comparaciones con su némesis, la “ex Primera Dama” Sandra Torres, a pesar de que designa a su gente en puestos públicos con la misma contundencia que la doña. Pero cuando sus allegados se encuentran bajo señalamientos de corrupción emula a la perfección al adorno más oneroso que el erario nacional ha mantenido: Rafael Espada. Pero no es su forma de hacer las cosas lo preocupante, es el hecho de que a pesar de ocupar la segunda magistratura del país, continua siendo la secretaria general del Partido Patriota. Ya ha sido la presidenta en funciones, o sea, la representante de la unidad nacional y los intereses del pueblo de Guatemala. ¿Son acaso el anaranjado chillón y la mano empuñada los que ondean en la bandera nacional?

Discúlpeme estimado lector si sueno demasiado exigente, pero me gustaría, en estos inicios del juego, saber de que “cambio” habló el actual presidente y su partido durante la campaña, porque de momento solo veo los mismos ejemplos pero con colores distintos a los siete gobiernos electos anteriormente. 


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