Sonia Pérez

Ese “sueño” truncado

Cada día llegan a Guatemala cientos de migrantes deportados. Vienen en vuelos chárter desde Estados Unidos, pagados por la migración estadounidense; algunos llevaban años “allá”, otros apenas lograron tocar suelo gringo cuando se truncó su “sueño americano”.

Lo primero que escuchan al bajar del avión es marimba. Al grupo que vi “El Ferrocarril de los altos” les dio la bienvenida. “Una gallo” grito uno de los migrantes cuando entró a la sala instalada para recibirlos, muchos asintieron con la cabeza en señal de estar de acuerdo.

 “Bienvenidos a su tierra paisanos, bienvenidos a su país. De aquí nadie los va a sacar” son las primeras palabras que escucharon los migrantes al ser recibidos por personal de la Dirección de Migración. Parecían aliviados de saber por lo menos que llegaron a su país, donde les hablarán en su idioma.

El año pasado, Estados Unidos deportó a casi 30 mil guatemaltecos. La mayoría de los deportados son hombres que oscilan entre 18 y 30 años, también hay menores de edad.  Jóvenes que se fueron buscando un “mejor porvenir” pero que pronto se les frustró. De regreso muchos de ellos solo volvieron con una bolsa de cinco libras, allí les cupo todas sus pertenencias.

Pude presenciar la llegada de dos de esos vuelos. Lo primero que note fue el olor. Era fuerte. “Es el sudor y que llevan días sin bañarse” me dijo uno de los encargados de Migración.

Pude notar que de los casi 300 que llegaron ese día, cinco eran mujeres. Dora, Maricela y Jaqueline, me contaron que se hicieron amigas hacíaa solo tres días cuando las juntaron para deportarlas. La solidaridad femenina surgió inmediatamente me dijeron. “Con tantos hombres, solo nos queda unirnos y apoyarnos, da miedo y tristeza” me explicaron.

La mayoría de los rostros parecían quemados por el sol, eran las huellas del viaje que hicieron para migrar, poco antes de que los agarraran. Varios de ellos me contaron que viajaron por el Río Bravo en México o por el desierto en Arizona.

Luego de tomar un jugo, un pan con frijoles y una galleta que reciben de parte del Ministerio de Relaciones Exteriores, Migración registra su ingreso al país. Se les explica que pueden cambiar dinero, si es que traen, que hay un médico con quien pueden hacer una consulta, que hay un teléfono si necesitan comunicarse con alguien y que es preferible no usar taxis afuera, parece que usualmente les roban.

Agentes de la Policía Nacional Civil también se ubican en el lugar para hacerse cargo en el caso de haber personas con órdenes de aprehensión nacionales o internacionales.

Al salir los migrantes, ya les espera un bus que los llevará a un lugar donde puedan trasbordar o a alguna terminal de buses si alguien quiere viajar al interior del país. Afuera, un representante de La Casa del Migrante también les da un poco de consuelo y ánimo. Si alguien necesita, ellos ofrecen un lugar donde pueden dormir.

La deportación parece no parar sus sueños, la verdad es que poco les dura, varios me contaron que planeaban ya su siguiente intento por migrar.


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