Bernardo López

De la agricultura al desarrollo rural

Se anticipa una nueva discusión sobre un modelo de desarrollo rural, ya sea desde el diseño e implementación de políticas en el Ejecutivo, o desde las propuestas de Ley que podrían poner en acción todos los mecanismos del Legislativo.

Será difícil que alguien se detenga a considerar algunos aspectos básicos para el diseño de la discusión, quizás sea útil a partir de documentos ilustrativos como los generados por el IICA y otros organismos, trasladar algunas  nociones sobre dos enfoques del tema: la Multifuncionalidad de la Agricultura y la Nueva Ruralidad, surgieron de manera simultánea en Europa y en América Latina respectivamente en los años 1990; ambas pretenden construir marcos renovados para la definición de políticas públicas en los sectores agrícola y rural. En un contexto mundial idéntico marcado por la globalización, los principios en los que se fundamentan sin embargo son específicos y están marcados por la historia económica y social de las regiones donde fueron elaboradas.

La multifuncionalidad es el producto de las rápidas mutaciones que registró el sector

agrícola europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Está profundamente relacionada con  la construcción de la Política Agrícola Común y expresa a la vez los éxitos y excesos de la misma: es un movimiento de modernización considerable marcado por el aumento de la productividad, que permitió pasar de una situación de escasez a una situación de exportación neta, pero cuyas consecuencias son también excedentes costosos y externalidades negativas (contaminación, problemas de seguridad alimentaria, abandono rural, etc.).

La transformación de la agricultura se llevó a cabo mediante reformas estructurales tendientes al mejoramiento del capital productivo de las explotaciones, como la reestructuración predial y la introducción masiva de la mecanización permitida por el desarrollo de sistemas de crédito agrícola con tasas de interés favorables, pero también gracias a la difusión de los insumos agrícolas, al fortalecimiento de las estructuras cooperativas, a la organización del sector de la transformación y de la distribución, así como a través de la formación de los agricultores y de los técnicos y del apoyo a la creación y al desarrollo de organizaciones profesionales agrícolas.

En América Latina,  la concepción de una “Nueva Ruralidad” se inscribe en el proceso de

redefinición profunda de las políticas públicas nacionales que marcó al conjunto de los países del sub-continente en el transcurso de las dos últimas décadas. Está intrínsecamente ligada a los procesos de apertura de las economías nacionales, a la creación de las uniones comerciales regionales (Mercosur, NAFTA) y a la evolución de las actividades en el medio rural. Dicha concepción se inscribe en un movimiento intelectual de crítica a las políticas económicas que son consideradas responsables de las desigualdades sociales y territoriales en el medio rural. Contrariamente a Europa, las políticas de desarrollo agrícola y rural evolucionaron de manera profunda en el transcurso de las últimas dos décadas bajo el efecto de los choques económicos y de la presión de las instituciones financieras internacionales.

Toda propuesta de instrumentos de política, o cualquier propuesta de Ley, debería acompañar un marco teórico, un modelo institucional o una referencia doctrinaria que permita contrastar en una realidad objetiva sus argumentos. Hasta el momento no se encuentran, más que nada lo que hacen es repetir muletillas y alimentar paradigmas que no sirven para nada, ojalá intentaran ser serios.


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